Capítulo 90

Si las miradas mataran, Charlotte ya habría fulminado a Alexander una docena de veces. Pero él seguía allí, tan campante, con una sonrisa burlona y sin inmutarse lo más mínimo.

Charlotte ni siquiera intentó ser amable.

—Vamos, fuera. No armes problemas aquí y deja de molestar a mi profesora.

Y as...

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