Capítulo 1 Capitulo 01
PRÓLOGO
Grace
Hay algo curioso cuando sabes que tienes el poder, y en este momento yo lo tengo. Lo confirmo cuando le sonrío con arrogancia a la mujer que espera que el socio de mi padre la defienda, pero él está enfocado en su trabajo, ignorándola como suele ignorar a casi todas las mujeres que se le acercan en horario laboral. La victoria llega cuando ella aprieta los labios y, tras lanzarme una mirada llena de odio, sale como si todavía esperara que él le prestara atención, como si yo fuera la culpable de su desdicha.
Como si me importara.
En cuanto la puerta se cierra, me concentro en el hombre que deja de mirar documentos para enfocarse en mí. Me quedo atrapada en esos ojos azules que me encanta observar. Me muerdo el labio suavemente, pero sus ojos no bajan ni un milímetro. Él simplemente se acomoda en su lugar, viéndose malditamente majestuoso de una forma que me obliga a apretar ligeramente las piernas. Aun así, mantengo la compostura y permanezco relajada bajo su mirada imperturbable.
—¿Se puede saber qué hace aquí, señorita Harrington? —inquiere con esa voz suya, tan calmada pero cargada de autoridad.
Cruzo las piernas, dejando que mi vestido se suba un poco, aunque, como siempre, él no capta lo que quiero que note. Solo observa mi rostro, y ya quiero jugar con ese control inquebrantable.
—Papá… papá me envió —comento, y respiro hondo cuando él se inclina hacia adelante para mirarme mejor. Su perfume caro y delicioso me invade, haciéndome sentir ansiosa por un poco más de él.
—¿Tu padre te envió? ¿Para qué? —pregunta con uu tono es demasiado sensual, o quizá soy yo, loca por querer más de lo que debería.
Me paso una mano por el cuello, intentando encontrar las palabras adecuadas.
—Papá quiere que me instruya. Como usted es su socio y…
—No lo haré.
Frunzo el ceño de inmediato, irritada por la interrupción.
—Quiero que me instruya. Lo que pasó entre nosotros no debería interferir en…
—No pasó nada entre nosotros, señorita —me corta a mitad de frase, su tono frío como el hielo. Lo miro fijamente antes de reír suavemente.
—Claro, masturbarme sin saber quién era y luego besarme, aun sabiendo que tengo un prometido, no es nada para usted —bufo haciendo que él apriete los labios.
—Deje de fantasear. Es más joven que yo, lo que pasó fue un error que no volveré a cometer.
Me levanto de golpe, apoyo las manos sobre su escritorio y lo miro fijamente, decidida.
—Bien, apostemos, señor Ferrer —digo con una sonrisa desafiante—. Instrúyame, y si logra hacerlo sin caer en la tentación, puede pedirme cualquier cosa, pero si yo gano, entonces usted me dará lo que yo le pida.
El hombre frente a mí se pone de pie y se inclina hacia adelante, quedando a mi altura con ambas manos sobre el escritorio. El corazón me late acelerado; es demasiado guapo, demasiado dominante y está muy cerca de mí en este momento, mis ojos bajan a sus labios queriendo besarlo nuevamente.
—No haga promesas que no cumplirá —susurra, y su voz me recorre el cuerpo como un escalofrío—. No juego con niñatas.
—¿Miedo, señor? —lo provoco mientras paso la lengua por mis labios.
—¿Me darás lo que te pida? —pregunta. Asiento despacio sin pensarlo dos veces. Él se endereza, extiende su mano, y yo la estrecho con firmeza. —Entonces, tenemos un trato, señorita Grace —murmura con deleite.
Sí, un trato con el socio de papá. ¿Qué podría salir mal?
Quizá todo cuando el día de mi boda este mismo hombre, el que ahora finge no soportarme, me secuestre antes de que cometa el peor error de mi vida.
