Capítulo 10 Cap .10
Tomo una copa de champagne y observo el panorama, consciente de las miradas que varias mujeres me lanzan. Esto siempre será un problema. Muchas anhelan convertirse en la señora Ferrer. Mi apellido es bien conocido en el mundo de los negocios y las finanzas. Desde las aerolíneas Ferrer hasta las empresas tecnológicas, mi nombre está asociado con poder y riqueza. Aunque tengo 34 años, me siguen lloviendo propuestas, y si no tengo cuidado, podría caer en alguna de las trampas que me tienden.
Como aquella vez en que uno de mis socios intentó encerrarme en una habitación con su hija de dieciocho años, quien no dudó en desnudarse frente a mí. Tomé mis cosas y me marché, dejando a la chica llorando y al padre amenazándome. Conozco demasiado bien las estrategias de algunos de ellos.
—¡Lucas! —la voz clara y firme de Greyden Harrington me saca de mis pensamientos. Al girarme, encuentro al anfitrión acercándose con una sonrisa amplia. Greyden es un hombre de unos cincuenta años, con cabello más blanco que negro, ojos marrones cálidos pero astutos, y una elegancia innata que muchos admiran. Aunque su cuerpo comienza a mostrar los estragos del tiempo, especialmente en el abdomen que resalta bajo su traje a medida.
—Greyden, felicidades por el logro de tu empresa. —Levanto mi copa hacia él en un gesto de reconocimiento, y su risa retumba con alegría al chocar su copa con la mía.
—Siempre es satisfactorio saber que aún doy pelea en el mundo de los negocios —dice encogiéndose de hombros con un brillo de orgullo en los ojos—. Ven, déjame presentarte a mi sucesor. Es un joven bastante competente y estoy seguro de que te dará dolores de cabeza en unos años.
Lo sigo mientras habla animadamente sobre su empresa. Finalmente, llegamos frente a un joven adulto de unos veinte años. Tiene el cabello castaño peinado hacia atrás, ojos marrones y una sonrisa carismática. A su lado está una joven igualmente joven y hermosa, quien me lanza una mirada curiosa antes de volver su atención al chico.
—Hijo, te presento a uno de los hombres más importantes del mundo empresarial: Lucas Ferrer. —Greyden coloca una mano en mi hombro con familiaridad—. Es un hombre que me dio pelea durante años, hasta que decidí convertirlo en mi socio. Ya sabes, si no puedes con el enemigo... —Se interrumpe para reírse de su propio chiste, seguido por la risa amable del joven.
—Un placer, señor Ferrer. Soy Gustavo Harrington. —El joven extiende la mano, y yo la acepto con un breve apretón. —Ella es mi novia, Ruth. —Asiento hacia la chica, pero no hago ademán de saludarla.
—¿Has visto a tu hermana? —pregunta Greyden, girándose hacia su hijo.
—Creo que estaba hablando con los Peterson, pero no estoy seguro. —Gustavo señala con un gesto antes de sonreír—. Ah, mírala allá.
Sigo la dirección que indica. Al principio solo distingo a una mujer de espaldas, pero su porte elegante y la forma en que parece dominar la conversación llaman mi atención de inmediato.
Sin embargo, lo primero que noto es el largo cabello castaño cayendo liso en una coleta alta, combinado con un vestido conservador que, a pesar de su recato, no puede ocultar las curvas ni el atractivo trasero de la hija de Harrington. Greyden me indica que lo siga, y yo lo hago, aunque a mendida que nos acercamos el aroma dulce que emana de la mujer comienza a invadirme.
Cuando ella se gira al escuchar la voz de su padre, por un momento me siento confundido. Su rostro me resulta familiar, tan familiar que mi cuerpo se tensa al instante, cuando la reconozco.
La chica del bar.
La misma joven borracha y drogada que encontré en la discoteca, la misma a la que prácticamente arrinconé en un baño. La que gemía mientras mis dedos exploraban su interior, y de la que me quedé con ganas de más. Esa chica que, incluso después de enviarla a casa, siguió provocándome con solo recordarla. La erección que tenía aquella noche tardó días en desaparecer. Y ahora, está aquí, justo frente a mí, luciendo completamente diferente.
El vestido morado que lleva cubre casi todo su cuerpo; no hay escotes reveladores ni indicios de la audaz sensualidad que irradiaba aquella noche. Apenas lleva maquillaje, y aun así sigue siendo cautivadora. Sus ojos, que conocí rojos y vidriosos aquella vez, ahora brillan con un hermoso marrón cálido. Lo más impactante, sin embargo, es que no muestra ni un atisbo de reconocimiento. No tiene idea de que fui yo el hombre con quien casi pierde el control en aquel baño.
Es la hija de mi socio.
—Hija, te presento a Lucas Ferrer, mi socio —dice Greyden con orgullo.
Extiendo mi mano, sintiendo una ansiedad irracional por tocar su piel. Ella responde al gesto, colocando su delicada y suave mano en la mía. Es pequeña, cálida, y el leve contacto hace que mi mente regrese a esa noche. Sus labios, pintados de un suave rojo, forman una sonrisa que parece completamente inocente, aunque yo sé la verdad.
Sé lo que se oculta bajo esa fachada dulce y conservadora.
Si no conociera su otro lado, podría creer en la imagen que ahora proyecta: una chica buena, pura, dulce. Pero esa sonrisa, esos labios… mi mente comienza a traicionarme con imagenes que no debería tener. Imagino ese rostro inocente arrodillado ante mí, sus labios abiertos esperando algo mucho menos inocente.
De pronto, el traje se siente demasiado ajustado, el salón demasiado cálido, y la situación comienza a parecerme peligrosa. Sus ojos recorren mi figura con curiosidad, evaluándome de pies a cabeza, y aunque sé que no me reconoce, puedo notar que le gusta lo que ve.
—Mucho gusto, soy Grace, señor Ferrer —dice con una voz dulce, suave, que contradice todo lo que sé de ella.
Y ahí está mi problema.
Mientras más observo su rostro angelical, más claro tengo que no soy capaz de ignorar lo que hay detrás. Más ganas me dan de corromperla. De ver hasta dónde llega esa dualidad que parece esconder. Porque aunque Grace Harrington proyecte una imagen impecable, sé que debajo de todo.
