Capítulo 4 Cap.04

Lucas

Soy un hombre amante del control, alguien que disfruta sabiendo que todo está bajo mis manos. Me gusta que las cosas siempre sigan mi camino, y no dudo un segundo en ir por aquello que quiero o necesito poseer de alguna forma.

Eso aplica tanto a mi vida laboral como personal. No soy alguien que mezcle placer con trabajo; sin embargo, la mujer que me observa a una distancia prudente lleva horas lanzándome la misma mirada. Una mirada cargada de deseo, cargada de un mensaje tan claro como el cristal: quiere que me la folle.

Sé reconocer mis necesidades sexuales, y no me avergüenzo de ellas. De vez en cuando busco a una mujer que comparta mis mismas urgencias, alguien que me ayude a liberar el estrés antes de volver a mi rutina diaria, Pero lo que realmente me mantiene equilibrado es el control. Sé exactamente cuándo detenerme, cuándo poner límites.

Es por eso que ahora no interrumpo el coqueteo silencioso. La dejo sumergirse en este juego tanto como yo, incluso si estamos en una fiesta organizada por un importante socio de mi empresa. En el mundo de los negocios, las alianzas pueden garantizarte el éxito o hundirte sin piedad. Es un juego de estrategia donde conocer las debilidades de los demás es tan crucial como ocultar las propias.

Justo ahora, entre el murmullo de las conversaciones y las risas, se acerca uno de los hombres más influyentes en mis círculos: Hugo Harrington. Es un tiburón en todo sentido. Un hombre que huele el miedo y la sangre a kilómetros de distancia, que sabe exactamente dónde morder para destrozar a sus contrincantes. No es un amigo, pero tampoco un enemigo. Por ahora, nuestras metas están alineadas, y eso es lo único que importa.

Hugo me estrecha la mano con firmeza, su sonrisa no alcanza a suavizar la frialdad de su mirada. Mientras intercambiamos las típicas frases corteses, soy consciente de que cada palabra que pronuncio será analizada al detalle. Hugo no pierde tiempo; nunca lo hace.

—La velada ha estado interesante —comenta con ese tono calculador que utiliza cuando tiene algo en mente.

—Siempre lo es en eventos como este —respondo, manteniendo mi postura relajada.

Pausa un momento, y sus ojos, fríos y analíticos, se desvían hacia la mujer que sigue observándome desde el otro lado de la sala.

—¿Nueva adquisición? —pregunta con una sonrisa irónica, dejando entrever su naturaleza depredadora.

—No suelo hablar de mi vida personal en estos eventos, Hugo. —Mantengo mi tono firme, sin darle espacio para indagar más.

Él suelta una risa corta, casi burlona, y toma un sorbo de su whisky.

—Siempre tan reservado, Lucas. Me pregunto qué secretos guardas tan celosamente.

Sus palabras son una provocación, pero no dejo que me afecten. Solo sonrío, devolviendo el gesto con la misma frialdad calculada.

—Los suficientes como para mantenerme donde estoy —respondo, y con eso cierro cualquier intento de profundizar en el tema.

—¿Tienes algun primo así de dedicado como tú? Busco un prospecto para mi hija, es una buena chica, pero algo distraida —no le respondo porque no le daría a nadie de mi familia a Hugo, por muy buen socio que sea.

—Ninguno —es lo que digo haciendo que él se ría y luego se despida cuando lo llaman.

Mientras Hugo se marcha hacia otro grupo de invitados, siento nuevamente la mirada de la mujer clavada en mí. Esta vez, decido corresponderla, dejando que mi atención viaje hacia ella sin reparos. Su cuerpo se tensa ligeramente al darse cuenta, pero no desvía los ojos.

Camina hacia mí, su postura segura y su vestido resaltando cada curva. Antes de que diga una palabra, sé exactamente cómo terminará esta noche.

Es una mujer realmente hermosa. Sus curvas son generosas, perfectamente entalladas en el vestido verde que no hace nada por ocultar lo bien proporcionada que es. Sus ojos, de un intenso verde, brillan bajo las luces mientras su cabello oscuro, liso y sedoso, cae justo hasta sus hombros, dándole un aire intrigante. Sus labios gruesos se curvan en una sonrisa que la hace lucir simplemente preciosa.

—Lucas Ferrer, es un placer conocer a un hombre tan importante como usted.

Al escuchar su voz, inmediatamente noto que no estoy frente a una mujer cualquiera. Sus movimientos son calculados: el ligero balanceo de su copa es seductor, el mordisco en sus labios y el sutil batir de sus pestañas, deliberadamente tentadores. Una sonrisa aparece en mis labios; ella sabe exactamente lo que hace y cómo lo hace.

—Estoy en desventaja —digo, manteniendo mi mirada fija en la suya—. No sé quién es usted.

Sus labios, pintados de un rosa delicado, se estiran en una sonrisa encantadora.

—Soy Ericka Jhons —responde, extendiendo su mano hacia mí.

No dudo en estrecharla.

—Si me permite decirlo, es usted una mujer hermosa, Ericka. —Su sonrisa se amplía, pero no dejo de observar cada detalle. —Aunque debo admitir que estoy un poco confundido. Que la amante de mi enemigo esté aquí, presentándose y lanzándome algo más que miradas, me resulta... curioso. —Su sonrisa se desvanece en el acto. —Soy un hombre observador. Es casi vergonzoso que ustedes no hayan previsto que estaría al tanto de lo que sucede entre ambos.

Ericka parece genuinamente preocupada, aunque trata de ocultarlo. Yo, en cambio, le regalo una sonrisa fría.

—No entiendo lo que dice.

—No soy el hombre al que debes conquistar si buscas información sobre debilidades. Porque en mí no encontrarás ninguna. Disfruta de la velada, Ericka. —Le guiño un ojo antes de dar media vuelta y dejarla con la incredulidad marcada en sus facciones.

Me alejo con paso decidido, bebo el último trago de mi bebida y dejo la copa en una de las mesas cercanas. No me molesto en despedirme de nadie. Este lugar ya no tiene nada que ofrecerme, y yo tampoco a ellos.

El aire frío de la noche acaricia mi rostro mientras salgo, y justo en ese instante suena mi teléfono. Al mirar la pantalla, sé perfectamente de quién se trata. Es hora de cumplir con mi papel de amigo, de estar con alguien que realmente valore mi tiempo y no con esta manada de animales dispuestos a devorarme con tal de quedarse con lo que me pertenece.

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