Capítulo 7 Cap.07

Grace

Escucho la voz de mi hermano, pero de forma lejana, mientras trato de recordar el desastre que hice hace dos días. Ayer ni siquiera tuve fuerzas para salir de la cama, luego de que la resaca y los efectos secundarios de lo que consumí me recorrieran.

Volví a consumir.

Aun cuando dije que ya no lo haría.

No sé realmente qué hacer con esa información, solo sé que fue un día muy jodido. Cuando una compañera de la universidad me invitó a una fiesta, la seguí. En esa fiesta me emborraché y, más tarde, cuando sentí que el alcohol ya no hacía efecto, llegó la droga.

Fue totalmente despreocupado de mi parte no pensar las cosas: drogarme, irme con ella al bar, dejar que un completo desconocido, cuya cara ni siquiera recuerdo, me masturbara y luego me mandara a casa.

Mis recuerdos de esos días siguen siendo borrosos por la cantidad de sustancias en mi cuerpo, pero al menos papá no se enteró, y eso es lo importante. Aunque siento ansiedad cada vez que pienso en la posibilidad de que alguien le haya dicho en qué condiciones andaba. En qué condiciones estaba, por culpa de él.

Cuando la voz de Gustavo se escucha más cerca, entiendo el motivo. Casi quiero rodar los ojos, sacarle el dedo medio y huir lejos de aquí cuando su novia aparece, enfundada en un costoso conjunto. Su novia, Cleopatra, que por un momento me da miedo. Tengo la sensación de que comenzará a celar a mi hermano conmigo, porque está así de loca.

A Gustavo parece no importarle, porque está loco por ella. Pero a mí sí me da un poco de pánico todo eso. No llevan mucho tiempo juntos; de hecho, es la chica con la que tuvo una aventura en la última fiesta que se celebró en esta casa, hace algunas semanas.

Cada vez que pienso en eso, siento nervios en el vientre, porque sé que mi tiempo en libertad se agota, que la paciencia de mi padre se está acabando y que pronto tendré que elegir un hombre que esté a la altura de tenerme como esposa.

Cada vez que pienso en eso, solo quiero vomitar y olvidarme de todo lo que ha pasado. Siento ansiedad, siento que todo está mal y que nada se arreglará, por más que lo piense. Ni siquiera considero escaparme, porque sé que le temo a lo que mi padre hará si decido abandonar esta familia, como lo hizo mamá.

A veces siento mucho rencor hacia ella, hacia lo fácil que fue irse y dejarnos aquí, bajo el yugo de ese hombre que no es más que una bestia disfrazada de traje y buena educación frente a los demás. Pienso en cómo yo nunca podría abandonar a Gustavo a su suerte, dejarlo con papá bajo el mismo techo. Pienso en que yo no podría dormir imaginando las atrocidades que él podría hacerle o la presión que ejercería sobre mi hermano por ser el hombre de la casa.

No, yo nunca sería así de egoísta con nadie, mucho menos si tuviera hijos.

—Grace, no sabía que estabas aquí —la voz chillona de Ruth se filtra por el aire, y me digo que es demasiado tarde para escapar de ella. Bajo la tableta que tengo en las piernas y la dejo en la mesa junto a la tumbona.

Ella está sonriendo, y tengo que admitir que, aunque tiene una personalidad detestable, es hermosa. Pelo negro, corto, a la altura de los hombros; ojos marrones muy expresivos; rostro ovalado. Un cuerpo delgado pero curvilíneo, y unos labios que siempre sabe pintar para que se vean más llenos de lo que son.

Ruth es preciosa y viene de buena familia. Lástima que esté tan loca como para celar a mi hermano hasta con su propia sombra.

—Es mi casa, ¿dónde pensaste que estaría? —inquiero, dándole una sonrisa que la hace tensar. Veo cómo sus mejillas adquieren un tono rojizo por el enojo y me trago las ganas de burlarme.

—Tú de verdad eres tan insoportable. No sé cómo Gustavo es tan encantador, pero tú no —masculla. Debo admitir que esta vez su veneno tardó unos minutos en salir.

Es un nuevo récord.

—Eso es porque él tiene polla y yo no. Pero tranquila, te aseguro que con los trucos que tengo con la lengua son buenos, quizás hasta lo igualo. —Me río cuando su rostro se vuelve tan carmesí que podría explotar.

—Escuché que no haces más que dar asco en los bares, bebiendo, follando. ¿Qué pensaría tu padre de tener una hija tan descarriada? —Mantengo mi máscara de fastidio, aunque lo cierto es que siento el sudor bajando por mi espalda. Me ordeno mantener la compostura y no darle espacio para que indague o note que sus palabras tienen el efecto que ella busca.

—Adelante, estoy segura de que a Gustavo le encantará saber que eres una perra muy bocona. —Sus labios se convierten en una fina línea, así que me levanto y le sonrío—. Espero que disfrutes agua. A ver si no te ahogas con tu veneno, ojalá el agua sí pueda contigo. —Antes de que pueda responder algo más, la empujo al agua y la veo hundirse. —Como quisiera que no fueras tan buena nadadora —susurro a la nada, tomando mis cosas y alejándome antes de escuchar el grito de Ruth.

Veo a Gustavo caminar, confuso por el grito de su novia. Al mirarla en la piscina y luego mirarme a mí, frunce el ceño.

—Grace —murmura con voz de regaño.

—Solo son bromas entre cuñadas, no nos hagas caso —comento, besando su mejilla antes de meterme a la casa.

Subo a mi habitación y, cuando veo otro maldito sobre encima de mi tocador, siento que me asfixio. Aunque quiera seguir ignorándolo, las propuestas de matrimonio siguen llenando mi correo, además de cartas de otros que creen que son muy románticos.

Si papá se entera de esto, él mismo lo seleccionará.

Y si papá lo selecciona, estoy más que jodida.


La empresa de papá es una de las más importantes en el mercado de la tecnología, aunque él también se encarga de que los mejores hoteles y aeropuertos estén funcionando correctamente.

Nunca quise estudiar nada relacionado con esto, pero, aunque sé que papá no me dejará manejar las empresas, me obligó a estudiar para que estas crecieran bajo el mandato de sus hijos. Por eso, no es extraño que esté paseándome por los pasillos sintiendo la mirada de los empleados sobre mí.

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