Capítulo 8 Cap.08
Mantengo mi sonrisa descarada y mis pasos seguros, aunque sé lo que se comenta a mis espaldas. Soy una chica que no tiene amigos. Tuve una en el pasado, alguien que dejó todo por amor. Todavía me pregunto si alguna vez realmente me consideró una amiga.
¿Por qué nunca me buscó?
Emilia Brown fue la única persona en la que podría haber confiado si hubiésemos tenido más tiempo. Estoy segura de que ella me habría ayudado. Pero yo era una niña de quince años, llena de miedo, y luego mi única amiga dejó todo atrás y se marchó. No volví a saber nada de ella, hasta que los rumores de que estaba destrozada, de que estaba en un centro por intoxicación de drogas, llegaron a mí. Cuando todo eso explotó, me di cuenta de que tampoco soy buena amiga.
Tal vez no soy nada, y de ahí mi necesidad de llenar ese vacío con cualquier cosa, aunque sea peligrosa y aunque sepa que me hará daño.
Sé que estoy jodida.
Aun así, a mi lado está uno de los hijos de los socios de mi padre, que casualmente apareció trabajando en reuniones cuando lo vi. Digo casualmente porque sé que esto fue un plan orquestado por mi padre y el suyo. Lo último que quiero como esposo es a este niño bonito con cara de idiota, pero fingir amabilidad se me da demasiado bien. Aunque muchos saben que amable no soy, que de hecho soy egoísta, y que no me importan las consecuencias o quién pueda salir lastimado mientras yo obtenga lo que quiero.
—¿Y te gustaría trabajar en esta empresa? —La pregunta llega con un tono de voz perfectamente articulado, casi robótico.
Siento un escalofrío de horror al pensar que este tipo puede ser, de alguna manera, mi marido.
Me imagino la escena en mi cabeza: yo atendiendo la casa, cuidando a los niños, esperándolo perfectamente arreglada. Este tipo, con su voz robótica, me diría que suba a la habitación después de acostar a los niños, que lo espere con una bata, pero con las piernas abiertas, las luces apagadas. Y así, él llegaría, me abriría las piernas y no se preocuparía en darme placer antes de tener sexo conmigo.
No soy tonta. He pasado mucho tiempo a escondidas de las esposas como para no saber que la mayoría debe fingir un orgasmo cada vez que se acuestan con sus esposos, que odian el sexo y solo lo hacen por compromiso.
No es que sea una experta en eso. Puedo bromear diciendo que me follaré a quien sea, pero lo cierto es que solo he tenido sexo dos veces. La primera fue muy incómoda, traumática, algo que prefiero no recordar. La segunda vez no fue placentera, pero al menos estuvo mejor.
Así que, cada vez que me encierro con un chico y piensan que "me están dando duro", la realidad es que solo nos besamos, nos damos orgasmos con las manos y adiós. Solo eso.
—Todavía no lo sé. Estoy esperando que mi padre decida si puedo trabajar en la empresa. Actualmente estoy enfocada en terminar mis estudios, y luego veremos cómo funcionan las cosas. Pero, de igual manera, paso tiempo aquí aprendiendo, ya que la experiencia se gana a través de la práctica —respondo finalmente. Él sonríe.
—Si fueras mi esposa, esas manos tan delicadas nunca deberían preocuparse por trabajar.
No respondo, solo le devuelvo una sonrisa cerrada, porque ya entendí lo que quiso decir.
Si soy su esposa, él no me permitirá trabajar.
—¿Ocupas un puesto alto en la empresa de tu padre? —pregunto, fingiendo interés.
—Por supuesto. Todo lo de mi padre será mío, al igual que lo que pasará con tu hermano. Sabemos que las mujeres no están preparadas para llevar una empresa en sus manos. Por lo general, son demasiado sentimentales y pueden confundirse con sus hormonas cuando están alborotadas. ¿No lo crees?
Lo miro incrédula. Espero que este imbécil esté bromeando, pero al fijarme en su rostro, noto que habla completamente en serio. Respiro hondo y trato de que lo que quiero decir no salga con demasiada dureza.
—Creo que eres un hombre muy conversador.
Es todo lo que digo. Luego, tengo que soportarlo una hora más, escuchando cada estupidez que sale de su boca.
Definitivamente, este no es el hombre con el que me casaré.
Ni de broma.
