Capítulo 59

—¡Oh, Dios mío, no puedo hacer esto!—sacudo mis manos temblorosas y luego me giro para enfrentar a Linda, quien cruza los brazos y levanta una ceja perfectamente arqueada.

—Claro que puedes. ¡Te ves fantástica!

—Yo, eh... es demasiado escote—digo con los ojos muy abiertos.

Ella se burla, sacudien...

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