Capítulo 1 La mujer perfecta

Bolonia despertaba envuelta en una luz dorada que se deslizaba entre las edificaciones antiguas, como si el sol acariciara cada rincon de la ciudad con una devocion silencios. Las calles empredadas comenzaban a llenarse de pasos apresurados, murmullos de cafe y el eco lejano de una vida que nunca se detenia.

En el corazon de la ciudad existe un lugar donde el tiempo no corria, se controloba, un edificio moderno rompia con la arquitectura clasica como una declaracion de poder, en lo mas alto, en letras discretas pero firmes, se leia un nombre que habia conquistado Europa.

AFRODITA

Dentro todo era perfeccion, el silencio no era ausencia era disciplina...

Tacones marcaban el ritmo sobre el marmol pulido, pantallas encendidas que mostraban exquisitos diseños, diseñadores inclinados sobre bocetos, modelos caminando con presicion milimetrica, todo funcionaba como una maquinaria perfectamente calibrada.

En el centro de ese universo, estaba ella Amaris, de pie frente a un ventanal que dominaba la ciudad, observaba Bolonia como si le perteneciera y en cierto modo lo hacia.

Su reflejo en el cristal era impecable, traje negro entallado, corte perfecto, sin una sola arruga, la tela se ajustaba a su cuerpo con elegancia, marcando su silueta sin nesecidad de exagerar, la blusa de seda, aportaba un contraste sutil, tacones altos, firmes.

Su cabello oscuro recogido con presicion, ni un mechon fuera de lugar, su rostro sereno, frio, controlado, pero eran sus ojos los que realmente imponian, oscuros, profundos, inalcanzables.

---La coleccion de otoño no esta lista--- dijo una voz a su espalda, ligeramente tensa.

Amaris no se giro de inmediato, se tomo unos segundos siempre lo hacia, el control no era solo una habilidad era un habito.

---Explicate--- respondio finalmente con un tono suave, pero firme.

Su asistente, una joven de veinte años, trago saliva antes de continuar. ---El equipo de encaje Italiano tuvo un retraso y el proveedor de seda Francesa... cambio los terminos del contrato.

Un silencio pesado, Amaris cerro lentamente los ojos, como si estuviera organizando cada pieza en su mente, cuando los abrio de nuevo ya tenia la solucion, se giro con elegancia, clavando su mirada en la mujer frente a ella.

---Cancela al proveedor Frances.

---Pero es el mejor--- respondio su asistente

---Era el mejor,--- la corrigio, sin elevar la voz,---Nadie es indispensable.

La frase callo como una sentencia.

---Contacta a la frima de Milan, quiero la seda en cuarenta y ocho horas.

---Si señora

---Y el encaje...--- hizo una pausa, inclinando levemente la cabeza,---sino cumplen los reemplazamos, Afrodita no espera.

La asistente asintio rapidamente, tomando nota.

Amaris dio unos pasos hacia la mesa central, donde reposaban los bocetos, sus dedos se deslizaron sobre las hojas con delicadeza, casi como una caricia... pero su mirada era critica, analitica.

Cada trazo, cada curva, cada detalle tenia un proposito, la lenceria no era solo ropa, era poder, era control, una segunda piel que transformaba a quien la llevaba.

---Esto no transmite lo que quiero--- murmuro, toamndo uno de los diseños.

---¿Que desea exactamente?--- pregutno con cautela la asistente

Amaris levanto la mirada y por un instante algo brillo en sus ojos, algo mas oscuro, mas profundo, para mujeres reales.---Deseo que cuando una mujer se mire al espejo, no se reconozca--- dijo despacio,---que vea algo mas peligroso, mas libre, mas sensual.

Dejo el boceto arriba de la mesa

---Quiero que se sienta incontrolabla, deseada.

Las palabras quedaron sus pendidas en el aire, la asistente no respondio, Amaris no diseñaba para gustar, diseñaba para dominar.

Horas despues, la oficina seguia funcionando con la misma presicion quirurgica, los diseñadores crregian bocetos, reuniones, desiciones, firmas, llamadas, Amaris se movia entre todo con una eficiencia impecable, no repetia ordenes, no dudaba, no improvisaba, cada accion estaba calculada, cada gesto medido.

---La capaña publicitaria necesita su aprobacion,--- dijo el director de marketing entregandole una tableta.

Ella reviso las imagenes con rapidez, modelos perfectas, escenarios elegantes, luz cuidadosamente estudiada, todo correcto, demasiado correcto.

--- No

El hombre parpadeo,--- ¿perdon?---

---Esto es bonito,---dijo con calma casi peligrosa--- y yo no vendo bonito.

Se inclino ligeramente hacia adelante.

---Vendo deseo

El silencio volvio a llenar la sala.

---Quiero sombras,---continuo---quiero tension, que cuando vean esta campaña, sientan que estan entrando donde no deberian.

Sus labios se curvaron apenas...

---Y aun asi...no puedan apartar la mirada.

El director asintio claramente afectado,---lo tendremos listo,---

---No,---respondio ella, levantandose,--- lo tendran perfecto.

Y se marcho...

Al caer la tarde el edificio comenzo a vaciarse, las luces se apagaban una a una, como estrellas extinguiendose lentamente, pero en el ultimo piso, la luz permanecia encendida, Amaris estaba sola, sentada destras de su escritorio, revisaba documentos con la misma concetracion que habia mantenido todo el dia.

Afuera la ciudad comenzaba a transformarse, las sombras crecian, la noche reclamaba su lugar y con ella, otra version de Amaris comenzaba a despertar, dejo el boligrafo sobre la mesa, sus ojos se deslizaron hacia su reflejo en el vidrio oscuro. Ya no era la empresaria, ya no era la perfeccion, habia algo mas, algo que latia bajo la superficie. Algo que no podia controlar, aunque lo intentara, se levanto lentamente, tomo su bolso y antes de salir apago la luz.

La oficina quedo en penumbras, ordenada, impecable, como ella durante el dia.

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