Capítulo 4 La dueña del deseo
La Roja se acercó al oído del sumiso, su respiración apenas perceptible rozando su oído, como un secreto que solo él tenía derecho a escuchar.
Pero sus ojos, no estaban en él, atravesaban la penumbra del salón, firmes, intensos, clavados en esos ojos oscuros al fondo de la sala.
Kael
El mundo parecía desdibujarse a su alrededor, a su alrededor, reducido a ese hilo invisible que los unía. A esa tensión silenciosa qué no necesitaba palabras.
—Quiero que recuerdes esto —murmuró su voz baja, envolvente, cargada de una autoridad que no admitía cuestionamientos.— No me obedeces porque debes.
Hizo una pausa, lenta, deliberada, como si saboreara el peso de cada palabra.
—Lo haces porque lo deseas.
El sumiso tembló apenas, no de miedo, sino de algo más profundo, que nacía en la entrega.
Su cuerpo reaccionó de inmediato, cada músculo tensandose bajo la presencia de ella, bajo esa mezcla de expectativa y necesidad que crecía con cada segundo.
La Roja lo sabia, siempre lo sabía, porque no observaba solo lo evidente, leía lo que se ocultaba debajo.
Sus manos comenzaron a moverse lentas, seguras, trazando caminos sobre su cuerpo con una precisión que no era casual. No había prisa en sus gestos, ni exceso en sus movimientos.
Cada contacto estaba medido, cada roce tenía intención, no era solo piel contra piel, era control.
Era recordarle que cada sensación pasaba por ella, el hombre cerró los ojos un instante, conteniendo la respiración, como si el simple roce fuera demasiado y a la vez insuficiente.
La Roja inclinó apenas el rostro, observandolo, evaluandolo, luego sin previo aviso su mano descendió con firmeza. El sonido seco rompió el aire, no fue violencia, fue ritmo, fue dominio.
El cuerpo del sumiso respondió de inmediato, un estremecimiento qué recorrió su espalda, que tenso sus hombros, qué lo anclo aún más a ese momento.
Ella no se detuvo, alterno entre la firmeza y la suavidad, entre el control y la pausa, llevándolo justo al límite y retenido lo allí.
Donde la espera se volvía insoportable, la necesidad crecía y la entrega era completa.
Desde su lugar en las sombras Kael no apartaba su mirada, no era el espectáculo, no era el sumiso, era ella, la forma en que dirigía cada gesto, como manejaba el ritmo, como controlaba incluso la respiración del hombre.
Eso no era actuación, era naturaleza y algo dentro de él... Respondió, no como los demás, no con simple atracción, sino con algo más oscuro, más primitivo deseo.
Pero no de poseerla como un objeto, sino de enfrentarse a ella, de medir fuerzas, de ocupar ese lugar, ser él quién estuviera allí bajo sus manos o frente a ellas.
La Roja volvió a hablar al oído del sumiso, su voz ahora apenas un susurro qué parecía deslizarse directo a su mente.
—Respira...despacio.
Él obedeció, no porque estuviera obligado sino porque ya no podía hacer otra cosa, ella lo había llevado a ese punto.
Donde la voluntad se transforma en elección.
Sus dedos se deluzaron nuevamente, esta vez más lentos, más controlados, como si cada movimiento fuera una recompensa o un castigo.
El hombre dejó escapar un suspiro contenido, ella se detuvo lo dejo allí suspendido, al borde.
Y entonces sonrió no por él, sino por lo que representaba, ese instante exacto donde el control era absoluto, donde la entrega era total.
Kael apretó levemente la mandíbula, entendía demasiado, porque lo que veía no era solo un juego era poder puro y eso lo llamaba.
La Roja lo llevo un paso más allá sin romper el equilibrio, sin perder el control y cuando el sumiso finalmente cedió por completo a la intensidad del momento, cuando su cuerpo ya no pudo sostener más la intensidad acumulada... Ella lo dejó ir.
No con búsquedad, con precisión, como si ese instante le perteneciera.
El silencio que siguió fue denso, pesado, cargado de lo que acababa de ocurrir.
Ella lo observó, dueña absoluta de la escena.
—Bien— murmuró, con una calma que constrastaba con todo lo anterior.
El hombre inclinó la cabeza, aún recuperando el aliento, pero sin romper la postura, sin perder el respeto, sin salir del papel que había elegido.
La mirada de la Roja volvió a buscarlo y lo encontró, Kael seguía allí inmóvil, pero ya no era solo un observador, había algo en sí expresión que había cambiado, algo más oscuro, más profundo, más personal.
Sus ojos se encontraron nuevamente y esta vez, no fue solo un desafío, fue reconocimiento.
Ella ladeo apenas el rostro, una fracción de segundo, pero suficiente, luego volvió su atención al sumiso.
—Te espero en mi habitación.
La orden fue suave pero inconfundible, el hombre asintió rápido, no había dudas, no había preguntas, solo aceptación.
La Roja giro sobre sus tacones y descendió del escenario cada paso la devolvia a las sombras, como si la luz la hubiera reclamado solo por un instante. Como si perteneciera más a la oscuridad qué al espectáculo y en cuestión de segundos... Desapareció.
El murmullo del club regreso lentamente, la música volvió a llenar el espacio, pero algo había cambiado, algo que no podía verse pero si sentirse.
El sumiso permaneció unos segundos más en el escenario, recuperando el equilibrio, recogiendo lo que quedaba de si mismo después de haberlo entregado todo, luego descendió con pasos firmes, sin mirar nadie, dirigiéndose directamente hacia los pasillos privados, hacia ella.
Kael no se movió de inmediato, seguía sentado, pero su mente, ya no estaba en el mismo lugar, sus dedos tamborilearon apenas sobre la mesa, un gesto mínimo controlado.
Se puso de pie lento, sin prisa, sus ojos se dirigierondose hacia el mismo lugar donde ella había desaparecido, las habitaciones privadas.
El territorio donde el juego dejaba de ser público y pasaba a ser personal.
Una leve sonrisa apareció en sus labios, no de diversión, no de ligereza, sino de certeza. Porque ahora lo sabía no quería observar, no quería imaginar,quería entrar en su mundo, romper reglas y ver hasta donde era capaz de llegar ella y lo más importante hasta donde estaba dispuesto a llegar él.
Su lobo rasguñaba en su interior para salir, reclamar lo que le pertenecía pero Kael sabe que no es momento, así que se va del club, sin mirar atrás.
