Capítulo 41 Mi luna

—Mi luna, si no paras… no podré detenerme.

Tornher seguía sosteniendo la cintura de Amarís, sintiendo el calor de su cuerpo y el dulce aroma a lavanda que lo volvía completamente loco.

Pero ella solo sonrió, aquella sonrisa traviesa que siempre conseguía desarmarlo.

—No quiero que te detengas, lob...

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