Capítulo 42 Placer y deseo

Solo existían los dedos de Tornher en su clítoris, y esa sensación de estar a punto de estallar en pedazos, de desintegrarse en un orgasmo que se acercaba imparable, inevitable, mientras él la observaba con esa sonrisa cruel y satisfecha, sabiendo que ella estaba a su merced, que su cuerpo se rendía...

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