Capítulo 7 Hilos invisibles
Kael no era un hombre que dejara cabos sueltos y mucho menos cuando alguien había captado su atención.
Y esa mujer en cuestión es su luna, sus emociones eran indescifrables hasta para él, porque el lugar donde encontró a su pareja destinada no era lo que el esperaba.
Para colmo era una humana, que no podía sacar de su mente, esos ojos oscuros, esa intensidad y su porte de mande, su aroma cuero y sandalo se había penetrado en sus fosas nasales y de ahí a todo su sistema.
El despacho en el que se encontraba era amplio, sobrio, dominando por tonos oscuros qué reflejaba perfectamente su personalidad. Todo estaba en orden, todo tenía un propósito, como él.
—Marek, quiero saber quién es —dijo finalmente, sin girar se, a unos pasos detrás de él, su beta permanecía en silencio, esperando esa orden.
—La mujer del club —continuó Kael—. La llaman “la Roja”.
Hizo una pausa, sus ojos se entrecerraron apenas.
Marek lo miró con picardia conocía perfectamente a Kael, pero no dijo nada el rostro de su amigo reflejaba conflicto y cuando eso pasa es mejor estar lejos del alfa.
—¿Algún detalle en particular?
Kael giró ligeramente el rostro. —Todo.
Una sola palabra pero suficiente
—Nombre, rutina, qué hace. Quiero saber qué esconde… y por qué.
El beta tomó nota mental.—Entendido.
Kael volvió su atención a la ciudad.—Y hazlo bien.
No era una advertencia, era una certeza porque Kael no tolera errores.
Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia, otro escenario se desarrollaba, uno igual de controlado, igual de preciso, pero bajo reglas completamente distintas.
El edificio de Afrodita vibraba con actividad, el área de pruebas estaba llena de movimiento, modelos, estilistas, diseñadores, todos trabajando bajo una tensión contenida, en buscandl alcanzar un estándar que no admitia fallos.
Amarís observaba desde su posición, sentada con elegancia, una pierna cruzada, las manos apoyadas con calma sobre su regazo.
Su mirada recorría a cada candidata, fría, analítica, nada se le escapaba, ni la postura, ni la seguridad.
Ni las pequeñas dudas que algunas intentaban ocultar, para ella no era solo belleza, era presencia, era actitud, era algo que no se enseñaba.
—Siguiente —indicó, sin levantar la voz.
Una nueva modelo avanzó, perfecta, demasiado, Amarís la observó apenas unos segundos.
—No.
La respuesta fue inmediata, sin explicaciones, sin segundas oportunidades.
Varias candidatas pasaron, todas correctas, ninguna… memorable. Hasta que la puerta se abrió y el aire cambió.
Galena no caminaba, dominaba el espacio, su entrada no fue llamativa en el sentido tradicional. No buscó impresionar, no intentó destacar.
Pero lo hizo, alta, elegante, con una postura natural que no nesecitaba corrección, había algo en ella, algo indomable, algo que no pertenecía del todo a ese lugar.
Amarís se enderezo apenas en su asiento, sus ojos se fijaron en ella de inmediato, interés genuino.
Galena avanzó con calma, sin apresurarse, sin titubear. Su mirada era firme, directa, pero no desafiante, era segura, como si supiera exactamente quién era y no necesitara demostrarlo.
El silencio en la sala se hizo más denso, Amarís no habló de inmediato, observó, analizó, midió cada detalle.
—Nombre —pidió finalmente.
—Galena Volkov.
La respuesta fue clara, sin adornos, sin sumisión.
Algo en ese apellido… resonó, pero Amarís no lo mostró, nunca lo hacía.
—Camina.
Galena obedeció, pero no como las demás, no era una pasarela, era territorio y ella lo recorría como si le perteneciera.
Amarís ladeo apenas la cabeza interesada, —Detente.
Galena lo hizo, sus ojos se encontraron y en ese instante… algo quedó claro, no era una modelo más.
Amarís se levantó lentamente, caminó hacia ella, sus tacones marcaban el ritmo del silencio.
Se detuvo frente a Galena, la observó de cerca, más allá de la apariencia, más allá de lo evidente.
Había fuerza, había carácter, había algo casi salvaje.
—¿Sabes lo que representas? —preguntó Amarís.
Galena no dudó.—No.
Honesta, directa, eso le gustó...
Amarís esbozó una leve sonrisa.—Bien, en Afrodita lo descubrirás. —Se giró apenas hacia su asistente.—Es ella.
El murmullo en la sala fue inmediato.
—Quiero que sea la imagen principal de la nueva campaña —añadió, sin vacilar—. La insignia.
La asistente parpadeó.—¿Segura? Aún no hemos—
—Lo sé.— la interrumpió, sin dureza, pero sin permitir discusión.
—Tiene lo que las demás no —continuó Amarís—. No intenta ser vista…
Se giró nuevamente hacia Galena, sus ojos brillaron apenas.—Simplemente lo es.
Galena sostuvo su mirada, no sonrió, no agradeció, pero algo en su postura cambió.
Sutil, pero perceptible, reconocimiento.
Amarís asintió apenas, satisfecha.—Prepárenla —ordenó a su equipo—. Quiero pruebas hoy mismo.
Mientras el equipo comenzaba a moverse, Amarís regresó a su lugar.
Pero su mirada no se apartó de Galena, algo en ella, le resultaba familiar.
No en apariencia, en esencia y sin saberlo…
acababa de acercarse un paso más a la verdad.
Galena no puedo evitar mirar a la asistente, su aroma jazmín con un toque de pimienta negra, su loba Nix ronroneo en su mente. Había encontrado a su destino y le agradaba esa humana que atrás de esos lentes de gruesa montura escondía unos hermosos ojos grises.
<<Galena, la quiero >>dijo Nix en su mente
<Lo se amiga, iremos despacio es humana> respondió Galena.
En otra parte de la ciudad Kael comenzaba a desmenusar su mundo, cada palabra de ese informe se grababa a fuego en su mente.
—Interesa. — Kael sonreía con cada detalle esa humana era lo que él quería y lo tendría, sin importar el costo.
El teléfono sonó, Kael miro la pantalla, era su madre, frunció su ceño frustrado.
—Madre?.
— Kael, Galena desapareció.
Kael suspiro del otro lado antes de responder, su hermana menor era todo un tema, es una mujer hermosa, fuerte, pero para su madre aun era una pequeña niña.
—Madre, estoy seguro que fue a otra agencia de modelos, sabes que eso le gusta.
—Llame a todas y no ha ido a ninguna que conozco, aparte saben que no pueden contratarla.
Kael sonrió su hermana no es tonta y clama independencia. —La buscaré.
Sus caminos estaban más cerca de cruzarse de lo que cualquiera de los dos imaginaba.
