CAPÍTULO 16: El vals carmesí

—¡Arriba, Luna! —la voz cantarina de Mira atravesó mi sueño como una aguja reventando un globo.

Gemí y me subí la manta por encima de la cabeza.

—¿Qué hora es?

—Casi mediodía —canturreó, arrancándome las cobijas sin el más mínimo remordimiento—. Damián dijo que te tuviera lista para las seis. Ust...

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