CAPÍTULO 170: El bosque que se alimenta

En cuanto cruzaron el umbral, el bosque los devoró.

No había pájaros. Ni viento. Ni rastro de rocío o tierra. Solo un silencio denso, metido hasta los huesos, que pesaba como una carga invisible. Las ramas se curvaban hacia adentro, negras y resbalosas de savia que goteaba como sangre. El aire sabí...

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