Capítulo 15 La confesión en el lecho de enfermedad

—Cuando desperté, no era mi amigo ni mi rival quien me esperaba. Era él.

Lo primero que registré no fue la pálida luz de la mañana filtrándose a través de las altas ventanas de la enfermería, ni el áspero roce de la sábana almidonada contra mi piel. Fue el aroma—rico, complejo y dolorosamente famil...

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