Capítulo 31 La invitación

—El Alfa rival no había terminado conmigo.

El sello de cera carmesí me miraba desde la mesa de roble pulido, su escudo afilado en la luz parpadeante de las velas. No era cualquier escudo—una cabeza de lobo, con las mandíbulas abiertas en un gruñido perpetuo, rodeada de enredaderas de hierro que par...

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