Capítulo 1 La luna rebelde y el alfa guerrero.
—Faela está esperando a mi cachorro, el futuro Alfa de esta manada, tu, Celenia, ya no puedes seguir siendo mi Luna, sin embargo, debido a nuestro vínculo, no puedo solo dejarte ir, así que pasarás de ser la Luna de la manada Wolfgang, a ser mi concubina, debido a que te niegas a yacer conmigo… —
Aquellas fueron las palabras que el Alfa Antoné me dijo, esperando a que solo lo aceptara sin más, como la compañera fiel que había sido todos estos años que guardaba silencio mientras él se revolcaba en nuestra cama con aquella miserable que ahora me miraba con un aire de altivez, disfrutando de restregarme su “triunfo” en la cara.
—Lo siento, querida, pero sabes cómo es esto, una Luna debe de darle cachorros a su compañero, y tú, la loba virgen, no fuiste capaz de seducir al tuyo, todos sabemos que Antoné jamás ha puesto una de sus manos sobre ti, porque no eres capaz de despertar a su bestia, así que esto, eventualmente, tenía que pasar, tu no le das lo que el necesita, pero para eso estoy yo… —
Faela dijo aquello con orgullo, mientras acariciaba con sus manos los hombros de Antoné quien me miraba con desprecio desde su trono.
Durante un momento guardé silencio; eran ya dos años desde que Antoné se había colado en mis territorios, y me había mordido en el cuello para marcarme como su propiedad, aunque él sabía perfectamente que yo no deseaba unirme a ningún lobo, esa noche él intentó tomarme por la fuerza, pero mi poder de Alfa se lo impidió, como todas las noches siguientes mi loba lo rechazó.
—Es bien sabido que Celenia no es una loba completa, su sangre de poder peculiar no le permite congeniar por completo con nosotros, por eso su loba no ha despertado por completo, y no ha sido capaz de aparearse, una mestiza nunca fue digna de ser la luna de esta manada en primer lugar, aunque tenga el poder de un Alfa y la bendición de la madre tierra, por eso es que mi hija, ahora tomará lo que debió de ser suyo desde el comienzo. —
Aquellas palabras que salieron de los labios de esa otra loba, Tala, la madre de Faela, casi me hicieron reír. Todos allí estaban acusándome de la incapacidad de su Alfa para acostarse conmigo, mientras en sus ojos se reflejaba el temor.
—El Alfa Antoné solo la marcó por su belleza sobrenatural, no porque fuera un buen partido. —
Murmuró otro de los lobos de la multitud que me señalaba con el dedo. Pero en efecto, aquello era cierto. Yo, Celenia Dalnim, era la hija de una loba a la que no conocí, y de un humano que también desapareció. Todos lo decían, mis cabellos pálidos que a la luz del sol parecían hilos de oro, mis ojos violetas con un “brillo de estrellas”, y mi figura grácil y frágil, cautivaban y “hechizaban” a todo aquel que me miraba, por ello era que me mantenía viviendo alejada de todo y todos, sin embargo, para mi desgracia, ese miserable que ahora anunciaba con bombos y platillos el haber embarazado a otra, se coló dentro de mis dominios y me marcó como si fuese una vaca de su propiedad.
La maldita marca en mi cuello me obliga a permanecer cerca de Antoné, pero mi poder, no le permite acercarse a mi para tomarme, y por ello, se había buscado a una amante.
—Basta ya. — ordenó Antoné, y en ese momento lo vi levantarse de su trono. — Celenia no dejará la manada, ella me pertenece, es el trofeo más hermoso que he conseguido, y se quedará a mi lado para siempre, aceptando su destino como dicta nuestra sagrada ley, y si no deseas pasar por la vergüenza de ser mi concubina, entonces arrodíllate ante mí y sométete… —
Aquella palabra me causaba repulsión.
“Destino.”
—Se buena, Celenia, baja tus escudos y permíteme tomarte como mi hembra, así, quizás tú también puedas engendrar otro cachorro para mí, y así serías mucho más feliz de lo que eres ahora. —
Antoné me dijo aquello mientras su aliento caliente golpeaba en mi cuello, y después su lengua repasaba la comisura de mis labios ante la mirada furiosa de Faela y su madre, quienes, sin duda alguna, deseaban mi expulsión de la manada como nada más. El realmente creía que ser la madre de sus hijos y vivir bajo su sombra, me haría feliz. Era un idiota.
Empujando a Antoné lejos de mí, lo miré con asco, tal y como siempre lo miraba cuando intentaba tocarme más allá.
—La ley del lobo no solo dicta que una hembra marcada debe de someterse, también, dicta que un lobo que ha cometido adulterio con otra hembra diferente a su compañera, tiene la obligación de liberar a su luna, y tú, Antoné, estás a punto de tener un hijo con Faela, ¿Eso no me da derecho a mí de recuperar mi libertad? — cuestioné sin rodeos.
Antoné me lanzó una mirada feroz con aquellos ojos grises, y luego, una retorcida sonrisa se dibujó en sus labios.
—Eso, no pasará jamás, Celenia, tú eres mi trofeo, y como tal, te vas a quedar aquí para que yo te admire…si yo no puedo tenerte, me aseguraré de que nadie más tome a la hermosa loba virgen. —
Aquella respuesta que Antoné me dio, ya la esperaba. Si, yo era la llamada loba virgen, porque ningún lobo ni humano me había podido robar mi virginidad.
—No puedes hacerme esto, no estoy dispuesta a aceptar que tengas un hijo con otra loba, así que, libérame de esta vergüenza. — demandé.
—Déjala irse, cariño, Celenia no es una loba nacida dentro de nuestra manada, y su origen deshonroso, solo traerá desgracias para los nuestros. Si realmente me amas como me dijiste anoche, si realmente quieres que tu cachorro, tu heredero, nazca bien, tienes que expulsarla. — reprochó Faela mirándome con odio. — Como la nueva luna, demando un castigo para Celenia…demando que sea azotada ciento cincuenta veces en la espalda y en las piernas, y que sea llevada a los límites de nuestras tierras como demanda la ley. — exigió.
En ese momento, dos de los lobos más fuertes de la manada, me tomaron por ambos brazos, y me sometieron delante de Faela quien me miraba con arrogancia. Yo sabía que no podía impedir lo que estaba a punto de venir, pues, aunque mi fuerza era grande, mientras esa maldita marca estuviese en mi cuello, mi poder no era el mismo; tan solo me servía para repeler a Antoné y mantener mi castidad intacta.
Otro lobo más se acercó con un látigo, y cuando el primer azote llegó, sentí como la piel de mi espalda se abrió como el botón de una rosa y la sangre comenzó a emanar debido a la fuerza. Al primer golpe, le siguieron veinte más, pero me negué a llorar mientras miraba como Antoné, el mismo miserable que se negaba a dejarme ir, se quedaba en silencio.
La sonrisa triunfal de Faela me hizo hervir la sangre, y el silencio de Antoné, me hizo odiarlo más, en aquella sala tan solo se escuchaban las risitas para nada discretas de Faela, y las de los demás lobos que parecían disfrutar mucho con mi dolor.
El verdugo alzó su látigo una vez más para golpearme, y cuando Antoné estaba a punto de protestar, un poderoso estruendo resonó en lo profundo de las tierras de la manada Wolfgang, haciendo que la atención de todos se dispersara.
—¿Qué ha sido eso? —
Cuestionó Faela abrazándose de Antoné, y en ese momento, un lobo joven entraba al salón en donde me estaban torturando.
—¡Señor!, ¡Es el Alfa Elios!, ¡La manada Sulien ha entrado a atacar nuestro territorio! — gritó aquel muchacho.
Un silencio sepulcral le había seguido a aquella advertencia. Todos lo sabíamos, cuando el Alfa Elios decidía atacar a una manada, no se detenía hasta que su sed de sangre se saciara. Aquel era el lobo más poderoso…y el más temido entre los licántropos.
—¡Todos tomen sus armas!, ¡Mujeres y niños en el valle de los lirios hacia nuestro refugio! —
Gritó Antoné, y en ese momento todos corrieron buscando pelear y escapar, y mi Alfa, como el cobarde que era, en ese momento tomó a Faela, dejándome a mi sobre el suelo en medio de un charco de mi sangre.
Repentinamente, como si un cielo ardiente nos hubiera caído encima, todo se había convertido en un caos. Escuchaba los gritos de batalla, las espadas chocando y los disparos mordiendo vorazmente el viento, nos estaban invadiendo, el temido Alfa había decidido tomar el territorio de la manada Wolfgang.
La marca en mi cuello palpitaba dolorosamente, como si estuviese a punto de estallar, yo era la luna marcada del Alfa Antoné, pero el, me había abandonado a mi suerte para salvar la vida de Faela y su cachorro…aquel, era el acto de traición más grande que existía en un vínculo de lobos, y aquella marca estaba desapareciendo.
Sonreí para mis adentros, aquel asalto a las tierras del maldito que me capturó, me estaba liberando del vínculo que nunca deseé tener, y tomando fuerzas desde el dolor, me levanté en medio de aquel caos con mi blanco vestido manchado de sangre, y corrí con todas mis fuerzas hacia mi libertad…mi añorada libertad.
Esta vez, elegiría mi propio destino, lejos de la imposición de aquel miserable. Yo, la luna virgen, me revelaba de todo lo que habían impuesto.
Mis piernas se sentían ligeras, y como si un par de alas me hubiesen brotado desde la sangre de mi espalda, sentí volar en medio del viento y de la violencia de aquella batalla. Sin embargo, cuando finalmente llegué a los límites de las tierras Wolfgang, la imponente figura de un hombre demasiado alto y fornido, me hizo frenar mis pasos en seco.
—¿Pero que tenemos aquí?, una hermosa mariposa con las alas rotas que ha llegado volando hasta mí. —
La voz cavernosa de aquel imponente hombre, me hizo temblar ligeramente, mientras sus ojos dorados me escudriñaban como si fuésemos un lobo y una presa.
Aquel frente a mí, era el Alfa Elios.
