Capítulo 6 Mi odio y desesperación.

Narra Antoné:

Fuimos desplazados. Fui derrotado.

El Alfa de la manada Dubois, Gastón, me ha recibido junto a Faela y a los sobrevivientes de la masacre cometida por el miserable alfa Elios de la manada Sulien; casi todos son nuestras mujeres y nuestros niños, pues en la retorcida moralidad de aquel miserable, parecía no tocar a los indefensos.

—¿Qué es lo que vamos a hacer? Hemos perdido las tierras y a muchos de nuestros hombres, el panorama se ve realmente devastador. — dijo Faela hacia mí, como esperando a que le dijera que todo iba a estar bien.

No respondí, tan solo la aparté de mi lado porque permanecía pegada a mi como una maldita garrapata y me sentía lo suficientemente furioso para no querer a nadie encima mío en ese momento; acababa de perder no solo mis tierras, si no también a Celenia, la marca que le había hecho en cuello se había desvanecido, pero el vínculo aun no desaparecía por completo…si no la recuperaba pronto, entonces ya jamás podría tenerla.

—No sé qué es lo que vamos a hacer, pero no voy a quedarme con los brazos cruzados, quédate aquí con las demás mujeres, yo hablaré con el Alfa Gastón. — dije zafándome con brusquedad del agarre de Faela.

Alejándome de lo que quedó de mi manada, me sentía cada vez mas furioso. Sabía bien que el Alfa Gastón no me había recibido en sus tierras por piedad; en realidad él había estado reuniendo a muchos de los nuestros que también fueron atacados por la manada Sulien y el Alfa Elios, quien cada vez expandía sus territorios más y más adueñándose de las tierras de las manadas a las que vencía en batalla, y ya nadie quería seguir permitiendo que incrementara sus dominios.

Si estábamos allí era por una sola razón: guerra.

—Alfa Antoné. — escuché una voz femenina a mis espaldas.

Deteniendo mis pasos, vi a una loba vieja y de mirada profunda pararse con firmeza frente a mí. No era de mi manada, su olor no me era familiar, así que supuse que pertenecía a la manada de Gastón.

—No tengo tiempo para hablar, debo reunirme con el alfa de su manada. — dije a secas intentando seguir mi camino, pero aquella vieja siguió interponiéndose.

—Veo un vínculo casi desvanecido, una marca que ya no palpita, y un deseo reprimido por una loba que te fue arrebatada. — dijo aquella anciana haciendo que mis pasos nuevamente se detuvieran.

—¿Qué es lo que quieres? Anciana. — cuestioné furioso.

Aquella anciana se acercó hasta a mí, y me vio directamente a los ojos.

—Se bien que la loba virgen no lo sigue siendo por tu desprecio, la verdad es que jamás pudiste meterte entre sus sabanas, ella te repudió desde el primer momento en que intentaste tomarla, sin embargo, puedo ayudarte a conseguir someter a la luna Celenia a cambio de algo que añoro, soy una de las lobas brujas de los bosques prohibidos, y puedo enseñarte a infligir dolor a la loba Celenia, puedes hacerla sufrir tanto, que rogara para regresar a tu lado tan solo para aplacar su dolor, pero dime, Alfa Antoné, ¿Qué estas dispuesto a entregar a cambio de darte lo que deseas? — me dijo y me cuestionó aquella mujer vieja.

Nadie sabía que yo había marcado a Celenia pero que jamás pude completar aquella marca por su terquedad, pocos eran los que conocían la verdad sobre que ella me negó dentro de su cama pues a todos los de fuera les dije que ella no había logrado seducirme. Aquellos ojos de la anciana me escudriñaban con ansiedad esperando mi respuesta, y sintiendo mi vínculo con Celenia cada vez más débil, asentí.

—¿Qué es lo que quieres? — cuestioné sin rodeos.

Aquella anciana repulsiva me sonrió a cambio mostrándome sus dientes podridos y asquerosos.

—A su debido tiempo te lo diré, Alfa Antoné, ahora, ve con el Alfa Gastón, planeen aquella guerra, derroten al Alfa Elios y recuperen lo que creen que les pertenece…desde esta luna, Celenia comenzará a sentir el dolor de su vínculo casi rotos, hasta volverse algo insoportable. — me respondió la anciana que luego, como una brisa, despareció ante mi vista.

Confundido, caminé hacia la casona del Alfa Gastón pensando en que tal vez la desesperación de haber perdido a Celenia, me había hecho imaginar aquello.

—¡Alfa Antoné! — me recibió el Alfa Gastón con un saludo efusivo.

Aquel lobo había sido también vencido por Elios el miserable conquistador y asesino, sin embargo, pudo recuperar sus tierras en una nueva batalla contra los Sulien.

—He venido como me lo has pedido Gastón, dime, ¿Qué es lo que estas planeando? — cuestioné sin rodeos todavía pensando en las palabras de aquella anciana bruja.

El Alfa Gastón me ofreció una cerveza y me dio una mirada seria.

—Se que no eres un tonto, Alfa Antoné, has perdido tus tierras y estas como un refugiado en las mías…el Alfa Elios ha invadido más de la mitad de los territorios que pertenecen a nuestra raza sin la intervención de los seres humanos, y eso no puede continuar…no solo tú has perdido tus tierras, muchos lo ha hecho y su furia es idéntica a la tuya…así que te pido que reúnas a los hombres que te quedan, que armes a tus mujeres, pues estamos preparando un ataque en conjunto entre todos aquellos que odiamos a Elios Sulien… ¿Estás dispuesto a pelear a muerte para recuperar lo tuyo? — Gastón me dijo y me cuestionó aquello.

Aquella pregunta y el recordar como Elios Sulien me lo arrebató todo, incluida a mi Celenia, me hizo enfurecer.

—Estoy dispuesto a hacer lo que sea con tal de recuperar lo que me pertenece. — respondí pensando en la mestiza que me fue arrebatada.

Recuperaría a Celenia a cualquier precio, me prometí a mí mismo.

En ese momento, sin embargo, observé a aquella anciana bruja sonriéndome desde uno de los ventanales de aquella casona, ¿Aquello era mi imaginación?, ¿O aquella mujer era real y realmente me podía devolver a mi trofeo más hermoso? Me cuestioné a mí mismo.

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