Capítulo 8 Como si estuviera en una batalla.

Narra Elios:

En mis brazos sostuve a Celenia hasta que llegué a mi mansión, estaba temblando como un cervatillo, y su piel, que estaba tan pálida como el papel, parecía recuperar color conforme nos íbamos acercando a la parte trasera de la mansión, alejándonos cada vez más y más de los límites de mis tierras.

Tan pronto como llegué a donde se encontraban las lobas curanderas, la tendí sobre una cama y el par de ancianas se acercaron con premura hasta Celenia que seguía temblando mientras parecía estar sufriendo mucho. 

—Observe esto, no hay una marca, pero la vena en su cuello donde debía de estar, está palpitando. — dijo una de las ancianas curanderas de mi manada que le había descubierto el cuello a Celenia como si supiera exactamente qué era lo que estaba pasando.

Frustrado, tan solo miré como Celenia sudaba frio, y su respiración entrecortada parecía demasiado pesada. Ella había intentado escapar de mis dominios desafiándome, sin embargo, mi furia por el hecho pasó a segundo término después de verla caer tan debilitada y frágil directo hacia su muerte, pero pude salvarla antes de que se golpeara contra el suelo.

—¿Qué se supone que significa eso? — cuestioné molesto al no obtener una respuesta clara al estado de Celenia.

Repentinamente, vi como la segunda curandera de mi manada se acercó hacia Celenia, y repasaba hierbas olorosas sobre su cuerpo, como limpiándola de algo que claramente yo no podía ver.

—Hay alguien más interviniendo, aferrándose al vínculo casi roto en su totalidad para someter la voluntad de esta loba a través del dolor, mientras se mantenga dentro de los muros de hierro, el poder de quien sea que este haciendo esto, no podrá tocarla…al menos no por un tiempo. — dijo la loba anciana que limpiaba a Celenia.

¿Aquello que escuche era cierto?, me cuestioné, y de ser así lo que estaba ocurriendo significaba que el Alfa Antoné intentaba mantenerse unido a Celenia por medio del vínculo casi completamente roto que impuso sobre ella. Una furia se apoderó de mi en ese momento, ese miserable debía de morir para liberarla completamente de sus cadenas.

—Entonces, ¿Me estás diciendo, anciana, que Antoné Wolfgang está intentando forzar a Celenia a someterse? — cuestioné con evidente ira emanando de mi voz.

La anciana asintió.

—Es lo que estoy diciendo mi joven señor, el Alfa Antoné está intentando obligar a esta loba a regresar a su lado, sin embargo, no está haciendo esto el solo, puedo sentir que hay algo más fortaleciendo un vínculo que ya debería de haber terminado de romperse después de la traición cometida por ese Alfa hacia su compañera. — aseguró la vieja loba.

Apretando los puños, me arrepentí en ese momento de no haber asesinado a ese cobarde en el momento en que tuve la oportunidad de hacerlo.

—Si asesino al alfa Antoné, ¿Celenia será libre de su vínculo? — cuestioné.

Las dos ancianas curanderas se miraron entre ellas, y luego me lanzaron una mirada seria.

—Mientras el vínculo exista, no importa cuán débil sea, la loba está condenada a compartir el mismo destino que su compañero, forzado o no, es la ley del lobo, usted la conoce muy bien mi joven señor…la única manera de romper por completo un vínculo, es que el Alfa Antoné renuncie voluntariamente a su derecho, o esperar al nacimiento de su hijo con la loba Faela esperando que su vínculo con el cachorro termine de romper lo que ya estaba casi completamente roto, si actúa de manera imprudente, la loba que desea como su compañera pagará el precio. — me dijo la anciana mayor con una calma y seriedad tal, que me hizo retroceder un par de pasos.

Agarrándome el cabello, me senté en la cama que se hallaba justo al lado de donde Celenia estaba siendo atendida, su respiración parecía mejorar, y el color regresó a su pálido semblante. Si ella salía fuera de mis dominios, sufriría por lo que sea que estaba haciendo el cobarde de Antoné Wolfgang para retenerla a la fuerza, y si yo decidía acabar de una vez por todas con el miserable, Celenia sufriría el mismo destino mientras ese maldito vínculo siguiera existiendo.

Por primera vez en toda mi vida, me sentí entre la espada y la pared.

—Terminen de hacer lo que hacen, yo me quedaré a su lado hasta que despierte. — dije seriamente.

—Las aprendices de curandera pueden hacer guardias para cuidar a la loba, usted no tiene que rebajarse a cuidar de ella, no tiene que…

—Dije que yo me quedaré a cuidarla hasta que despierte, ¿No fui lo suficientemente claro?, además, no es loba, su nombre es Celenia, y es por mi decisión la señora de estos territorios esté marcada o no, será mejor para todos comenzar a llamarla con respeto. — dije molesto interrumpiendo a la anciana curandera.

—Lo siento, mí joven señor, hemos terminado de atender a la señora, mandaremos su cena hasta aquí para que tenga fuerza para cuidarla. — dijo la anciana quien se apresuró a salir de aquella habitación alejada de todo ruido, junto a su hermana.

Acercando una silla hasta quedar justo al lado de Celenia, tomé su mano y sentí que su cuerpo había recuperado el calor. Estaba furioso por su intento de escape, pero verla sufriendo como lo estuvo haciendo, me hizo sentir una angustia indescriptible. No podía asesinar a Antoné, no todavía, pero me aseguraría de que ese maldito vínculo quedara completamente roto para liberarla…y después me concentraría en hacerla desear formar un vínculo conmigo…un vínculo eterno.

En ese momento, sin embargo, sentí como la mano de Celenia apretó la mía de manera inconsciente mientras ella seguía durmiendo, y la escuché murmurar algo que no logré entender. Parecía una niña pequeña que estaba teniendo una pesadilla, y mi corazón, de alguna manera, lo sentí más blando.

Admirando su hermosura, pude ver como hacia algunas muecas de disgusto, y una lágrima solitaria se escurrió desde sus ojos cerrados marcando un pequeño camino en su rostro hacia la almohada.

Algo en mi se quebró como si fuera tan frágil como una copa de cristal, y acariciando con una dulzura que no sabía que tenía, el rostro de Celenia, le murmuré en el idioma de los licántropos que todo iba a estar bien. Entonces, como por arte de magia, ella pareció calmarse.

Durante ese momento, sentí como mi corazón latió muy acelerado, tan rápido y agitado como si estuviera en medio de una batalla, pero rodeado por la quietud y el silencio. ¿Qué era aquella sensación tan extrañamente pesada y fascinante? Me cuestioné, y sin poder dejar de mirar a Celenia, seguí sintiendo aquellos latidos acelerados que me robaban el aliento.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo