Capítulo 6 6

Edward pareció notarla. Alzó la mirada, la observó fijamente por un instante y luego la bajó con indiferencia, como si no la hubiese visto antes. Habló con frialdad:

-¿Así que te graduaste en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania?

-Yo... todavía no he recibido mi certificado universitario -respondió Olivia, recuperando al fin la voz. Había colocado ese dato en el formulario de solicitud con la esperanza de obtener una oportunidad. Necesitaba desesperadamente el trabajo.

El entrevistador se mostró sorprendido.

-¿Eso significa que la información que proporcionó es falsa?

Inmediatamente se giró hacia Edward y se disculpó apresurado:

-Lo siento, señor presidente, nuestro proceso de revisión...

Edward levantó una mano para que se callara. Luego miró con frialdad a la mujer frente al escenario.

-¿Quiere decir que vino a solicitar un puesto basándose únicamente en su experiencia previa en el Hotel Mileder de Alemania? -Su voz se volvió más fría con cada palabra-. ¿Leíste siquiera los requisitos del puesto?

Sin disimular su desdén, le arrojó las hojas de información. Ya había visto a través de sus mentiras.

-¡Fuera!

Con el rostro sombrío, Olivia recogió los papeles. Estaba a punto de marcharse cuando la voz helada del hombre volvió a resonar a sus espaldas:

-No vuelvas a usar un truco tan inútil. Ninguna empresa quiere a alguien que falsifica su información.

Olivia se detuvo en seco, indignada. ¡Ese hombre era arrogante y santurrón! Se dio la vuelta bruscamente y lanzó las hojas sobre la mesa con un golpe seco. El ruido sobresaltó a todos los presentes. Los entrevistadores se quedaron boquiabiertos. ¿Alguien se atrevía a desafiar al Sr. Campbell? ¿Estaba loca?

Edward levantó la vista, impasible.

-¿Pasa algo?

-Ya que crees que sólo los títulos académicos prueban la capacidad de una persona, hagamos una apuesta -Olivia sonrió con descaro, mirándolo con abierta provocación-. ¿Te atreves a aceptarla?

Kevin Jackman, que casi se había dormido durante la aburrida jornada de entrevistas, se incorporó de golpe, alerta. No podía creer lo que veía. Era la primera vez que alguien se atrevía a retar a Edward... y con semejante actitud.

-¿Qué quieres apostar, bonita dama? -preguntó con asombro.

Edward le lanzó una mirada fría a Kevin y luego volvió a centrarse en Olivia, con expresión severa.

Ella respiró hondo, sus ojos firmes, sin vacilar.

-Trabajaré en el hotel del Grupo ST durante tres meses, y garantizo que el beneficio mensual aumentará más del treinta por ciento. Si lo logro, quiero que me contraten formalmente, que tripliquen mi salario y... -hizo una pausa- que me pidas disculpas.

Hubo un murmullo de sorpresa entre los presentes. Todos sabían que, durante su año en el Hotel Mileder, los beneficios apenas habían superado el diez por ciento. ¿Cómo podía prometer algo tan arriesgado?

Edward cerró su carpeta y la arrojó a un lado con desgano. Se puso de pie, apoyó ambas manos sobre la mesa y se inclinó ligeramente hacia adelante.

-¿Y si no lo consigues?

La sonrisa de Olivia se amplió. No dudó un segundo.

-Si no lo logro, trabajaré gratis para el Grupo ST durante tres años y obedeceré todas tus órdenes. ¿Qué te parece? ¿Aceptas?

-¡Por supuesto! -exclamó Kevin, divertido-. ¡Si no aceptas, Edward, quedarás como un cobarde!

Se quedó en silencio cuando el CEO le clavó una mirada helada.

-Vuelve y espera la notificación del trabajo -dijo Edward en voz baja. Luego se levantó y descendió del escenario. Al pasar junto a Olivia, se detuvo. Su mirada se posó brevemente en su perfil, en la línea de su barbilla y su nariz. Notó un leve aroma a perfume, no muy fuerte, pero agradable. Interesante. Mucho más que cualquiera de esas mujeres de afuera.

-En cuanto a la apuesta... -dijo él en tono lento, sin terminar la frase.

Olivia contuvo el aliento. Aunque su rostro no mostró emoción alguna, por dentro el corazón le latía con fuerza. Su futuro, su sustento, todo lo que había construido para Emma... estaba en manos de aquel hombre. Y si él la rechazaba...

-La acepto -declaró el CEO, antes de girarse y marcharse.

-Ed, ¿dónde vamos a comer? -preguntó Kevin, persiguiéndolo rápidamente al verlo salir. Antes de irse, se giró y le guiñó un ojo a Olivia, diciendo con una sonrisa-. Eres graciosa, guapa. Espero que ganes la apuesta.

Olivia se quedó sin palabras, pero aún así, había superado la prueba. ¡Y tener oportunidades siempre era mejor que enfrentarse a un callejón sin salida!

Ya era mediodía cuando Olivia terminó su entrevista y volvió a casa, agotada.

-¡Bienvenida a casa, mami! -Emma corrió a abrazarla con entusiasmo-. He memorizado todos los alfabetos y Katy dejo la comida lista. ¡Ahora estoy esperando que mamá prepare los platos!

-¡Buen trabajo, cariño! -dijo Olivia, besándole la mejilla con ternura.

Después de lavarse las manos y cocinar, madre e hija almorzaron juntas. Olivia recordó cómo, al despertar en el hospital, se sobresaltó al saber que aún tenía una hija. La niña era tan dulce y adorable que se resistió a decirle algo al hombre que le había quitado a su hijo. Pidió ayuda a una amiga para conseguir un boleto de avión y huyó al extranjero con la pequeña. Incluso rompió todo contacto con la familia Jones por ella.

Aunque no fue fácil criar sola a una hija en un país extranjero, todo cansancio desaparecía con solo ver la sonrisa de Emma. Además, la niña era excepcionalmente inteligente y dominaba el inglés a la perfección. Comenzó a cepillarse los dientes y a vestirse sola desde los tres años, y con el tiempo, ayudaba en las tareas del hogar. Olivia nunca tuvo que preocuparse por ella, incluso cuando tenía que salir a trabajar. Aun así, como ahora, solo le pedía a Katy, su vecina que la cuidara un rato.

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