Capítulo 7 7
Emma negó con la cabeza y le dijo a Olivia:
-Mamá, ¿por qué no te divorcias de papá?
Olivia se sorprendió y le preguntó, divertida:
-¿Por qué dices eso?
-Siento que a papá no le gusta mamá... -Emma masticaba una verdura mientras murmuraba-. Los papás de mis amigas siempre están juntos y se quieren mucho, pero yo solo puedo ver al mío dos veces al año. Y cuando viene, apenas te habla. No te abraza, no te besa, y lo peor es que ni siquiera me quiere. Ya no quiero a ese tipo de papá...
Las palabras de su hija la dejaron incómoda. No se atrevía a decirle la verdad. Le aterraba que Emma descubriera que, a diferencia de los demás niños del vecindario, ella no tenía un padre real presente. Por eso, cada año, le pedía a alguien que se hiciera pasar por su padre, para que al menos no se sintiera tan sola.
Pero no esperaba que Emma fuera tan perspicaz... y que ya lo hubiera comprendido todo.
-Mami, no tienes que preocuparte. No estaré triste si te divorcias. En lugar de ver a mi "papá" solo una vez al año, sería mejor que mamá encontrara un nuevo esposo. ¡Mientras ese nuevo papá me quiera, incluso aceptaría tener un hermano o una hermana!
-Chica tonta... -Las palabras de Emma hicieron que los ojos de Olivia se enrojecieran. Se le formó un nudo en la garganta-. Mamá no necesita ningún marido. Mamá solo quiere cuidar bien de ti.
-Pero yo sí quiero un hermano mayor -dijo Emma con una dulce sonrisa-. Quiero que papá y mamá me quieran, y que un hermano mayor me trate como a una princesa.
Olivia le acarició la cabeza, sin poder decir nada más. En ese momento, recordó a su hijo mayor, al que se había llevado aquel hombre. Se preguntaba cómo estaría ahora... Si pudiera, le gustaría encontrárselo algún día y abrazarlo. Tal vez, en el futuro...
Emma, al ver la expresión melancólica en el rostro de su madre, se prometió en silencio encontrarle un nuevo papá: gentil, guapo, y capaz de hacerla feliz cada día.
...
Esa noche, Olivia recibió un correo electrónico del Departamento de Recursos Humanos del Grupo ST. Le notificaban que debía presentarse el próximo lunes en el Hotel ST para comenzar su trabajo.
Mientras organizaba sus cosas, vio a Emma entretenida con una tableta. Se acercó con curiosidad.
-Cariño, ¿qué estás haciendo?
Emma abrazó la tableta con rapidez, como si protegiera un gran secreto.
-¡No puedes ver esto, mamá! ¡Por favor, vete!
-Está bien, está bien... mamá no mirará -respondió Olivia, conteniendo la risa.
Después de asegurarse de que Olivia se había ido, Emma continuó escribiendo en la tableta. Tecleó el nombre de su madre y adjuntó una de sus fotos. En la esquina inferior derecha de la pantalla aparecía claramente el logo de un sitio web de citas a ciegas.
Al completar todo, se estiró con satisfacción.
Los hombres que había visto ese día estaban bien... pero el que conoció en el aeropuerto seguía siendo su favorito.
"¡Desde que lo vi por primera vez, supe que tenía que estar con mamá!", pensó convencida. Lamentablemente, no había podido encontrar ninguna información sobre él, así que, por el momento, solo pudo sustituirlo por otro candidato.
Emma no tenía idea de las consecuencias, pero tampoco remordimientos. Olivia, sin sospechar nada, acababa de ser "vendida" por su hija tan ingeniosa como decidida.
...
El primer día de trabajo de Olivia en el Hotel ST coincidió con el décimo aniversario del hotel. Tras una breve presentación al equipo, comenzó a trabajar a un ritmo frenético debido a los preparativos del evento.
Se encontraba en el vestíbulo, coordinando al personal de los pisos superiores a través del walkie-talkie. Una fina capa de sudor brillaba en su frente.
-¿Olivia?
Esa voz familiar la hizo congelarse.
Lentamente bajó el walkie-talkie y se giró hacia la recepción. Su corazón se aceleró. ¿Podía ser una coincidencia?
Al voltear, sus ojos se toparon con una pareja joven. Él era alto, atractivo y elegante. Al verla, una expresión de sorpresa apareció en su rostro. A su lado, la mujer que lo acompañaba le sostenía con fuerza del brazo, como si marcara territorio.
Era Kingsley West, su exnovio, a quien no había visto en cinco años.
Apretó los puños con fuerza para contener la oleada de emociones que se le venían encima. Le dolía, aunque no quisiera admitirlo. Pero sonrió.
-Cuánto tiempo sin vernos -dijo con aparente serenidad.
Kingsley la miró como si no supiera qué decir. Abrió la boca, pero ninguna palabra salió. A su lado, Michelle Robinson estrechó aún más el agarre sobre su brazo y sonrió con aire de superioridad.
-Mírate, Olivia. ¿Por qué no nos avisaste a Kingsley y a mí cuando regresaste?
-No creí que fuera necesario -respondió Olivia con frialdad.
-Escuché que perdiste el contacto con los Jones cuando decidiste mudarte al extranjero -comentó Michelle con voz suave, aunque sus palabras tenían veneno escondido-. ¿Por qué no te das una vuelta por el Grupo Jones algún día? Quizás te sorprendas...
Al ver la expresión incómoda de Olivia, Kingsley intervino en voz baja:
-Vamos, Michelle...
-¿Por qué tanta prisa? Hace años que no veo a Olivia y quiero conversar con ella un poco más -replicó Michelle. Sin darle opción a rechazar, tomó el brazo de Olivia y la arrastró hacia el ascensor.
La boca de Olivia se secó. Bajó la mirada, sintiéndose atrapada. Cuando la puerta del ascensor se abrió, Michelle entró con ella sin soltarla. Algunos invitados también subieron, y Olivia se hizo a un lado para dejarles espacio.
Uno de ellos, al pasar cerca, rozó accidentalmente la punta de su nariz con su americana. Un escalofrío recorrió su cuerpo. La sensación era extrañamente familiar. Quiso levantar la vista, intrigada, pero Michelle se interpuso justo frente a ella con sus tacones, bloqueándole completamente la visión.
-Olivia, ¿podrás venir entonces? -preguntó de repente Michelle.
-¿Perdón? -Olivia no había escuchado bien y alzó la mirada, intentando volver en sí.
-Al banquete de compromiso de Kingsley y mío -respondió Michelle, alzando la mano con un gesto ensayado. En su dedo anular brillaba un imponente anillo de diamantes.
Los ojos de Michelle destilaban orgullo, y la curva arrogante de sus labios rojos no dejaba lugar a dudas.
-Será el 18 de julio. Espero que puedas acompañarnos -añadió con fingida cortesía.
El anillo deslumbró a Olivia como una cuchilla directa al corazón.
Era ese anillo. El que ella y Kingsley habían señalado en la joyería, años atrás. El que él le prometió que usaría cuando se casaran.
Y ahora... lo llevaba otra.
