Jefa, señora

Miro las manos de mi—ma—Aviana lanzadas al aire.

—Pero... ¿por qué? —pregunta casi con frustración. Sacudo la cabeza, mis labios apretados como si estuvieran pegados, ¿qué debo decir, cómo respondo a todas estas preguntas que está haciendo?

—Simplemente no lo entiendo, ¿por qué mentirías? —mi lobo...

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