Capítulo 1 Tragos

Maldito San Valentín. 

—Dame otro —pedí al mesero, limpiándome los mocos mientras me lamentaba de mi triste vida. 

—Creo que ya fue suficiente, Florence —Charlie me frena, el bartender, me conoce porque casi me la pasaba aquí todo el rato con Blake cuando la casa estaba ocupada y no podíamos hacer nuestras cosas. 

Miré a Charlie con cara de pocos amigos. 

—No me molestes y dame otro. 

—Mejor vete a tu casa, ¿si? Te ves muy mal. Escucha: siento mucho lo qué pasó con Blake pero ya es hora de aceptarlo y dejarlo ir. Por tu bien. 

Casi todos nuestros conocidos sabían que Blake y yo habíamos sido más que hermanastros, éramos casi novios, claro, sin serlo. Pero nos tratábamos así. ¿En que momento cambió todo? Porque no lograba entenderlo. Me empezó a dar un punzada en el pecho, algo llamado dolor mientras miraba a parejas recibiendo flores de sus novios. 

Estoy en el hotel, me dije, él está allá arriba. 

Necesito verlo y decirle todo lo que siento. 

—Tienes razón —le dije a Charlie— me voy. —tomé mi bolso y me bajé del taburete con algo de dificultad. Subí las escaleras hasta llegar al segundo piso. El hotel estaba lleno por ser el día del amor. En este día estoy mas sola que una pasa. Caminé hacia su habitación y entre, yo tenía la llave de este lugar. Antes era más mío que de Sandra. 

—¿Sandra? —la voz de Blake me hizo girar hacia la sala. Apareció sin camisa, solo con un pantalón y sus zapatos. Acababa de ducharse. —Tu no eres Sandra —puso sus labios en una sola línea. 

—No —me acerqué—no soy ella —elevé mi mano y antes de ponerla en su mejilla el me la detuvo. 

—Florence, ya hemos hablado esto. 

—Has hablado tú, no yo. Blake, necesito que sepas que... 

—Florence, por favor vete, Sandra vendrá en cualquier momento y no quiero más problemas. 

Antes de que se fuera lo tomé del cuello y lo besé, había extrañando tanto estos labios, este olor. Blake al inicio se resistió mucho pero poco a poco fue cediendo y eso me lleno de ilusión, una ilusión de que aún me desea. Le mordí su labio inferior mientras el me acercaba a la cama. 

Pero como las cosas buenas no duran, en ese momento sonó el timbre. 

—Mierda —murmuré más para mi misma. 

—¿Blake? ¿Estás aquí? Necesito entrar a buscar algo —esa era la voz de Era, la mejor amiga de Sandra. 

—Si, en seguida te abro —le dijo—Métete al baño, no quiero que te vea aquí. 

—Blake, por favor... 

—Por favor tu, Florence —me encaminó al baño y me encerró allí. Rodé los ojos y me miré en el espejo, mi pelo estaba hecho un desastre. El baño era grande, espacioso, a lo lejos tenía una puerta donde se guardaban cosas sin uso. 

Pegué mi oreja a la puerta para escuchar un poco. 

—La ropa de Sandra, me envió por ella —decía Era. 

—Está bien, búscala y cuando la encuentres se la llevas... —silencio—... voy al baño así que... 

—Claro, ve tranquilo. Me iré en cuanto la encuentre. 

Sonreí como tonta al escuchar eso. La puerta se abrió y Blake entró, me miró unos segundos antes de estamparme contra la pared y besarme. Sentí como si el alma volviera a mi cuerpo en ese momento, sentir su piel en la mía era vida, sus besos, sus caricias. 

—Blake... —susurré entre besos. 

—No debemos estar haciendo esto —dijo él. 

—¿Por qué no? —hice que se sentara mientras yo me subía encima. 

—Florence, yo voy a... 

—Shhh no lo digas por favor —lo callé, queriendo quitarme su pantalón pero Blake se negó. Me sentía tan estupida tratando de rogarle algo como esto, algo que él me lo pedía a gritos antes de que esa estupida hueca de Sandra apareciera. 

—Blake, tengo que confesarte que... 

—¡Blake! 

Blake y yo nos miramos espantados en el momento en que la voz de Sandra se escuchó del otro lado de la puerta del baño. 

—¿Cariño, estás ahí? 

Blake y yo nos suspendimos en ese momento, nos pusimos de pie para tratar de pensar. 

—Blake, es mejor que nos vea —me encogí de hombros. 

Negó con la cabeza. 

—Escóndete aquí —me llevó hacia la habitación donde guardaban cosas sin uso. Así me sentí yo en ese momento: desechable. Me dejó en una esquina y puso un enorme colchón encima mío. —No salgas, Florence. No lo arruines todo de nuevo por favor. 

Sentí feito cuando me dijo eso. 

Aquí me quedé, esperando y escuchando como ellos tres se iban de la habitación. ¿Era buen momento de salir? Algo me decía que no. La puerta se abrió y escuché pasos, un silbido. Ese no era Blake. Sentí terror cuando la puerta del depósito se abrió. 

No puede ser. 

No. Puede. Ser. 

Estaba hecha un ovillo cuando el colchón que me cubría fue quitado de encima por... ¡Jaykey! El gordito mejor amigo de Blake. Cuando me miró se quedó asombrado, quieto, pero luego salió corriendo de allí. 

Sabía lo que haría. ¡Le diría a Sandra! 

—¡Jaykey! —le grite, me quité los zapatos de tacón y empecé a correr detrás de él. Salimos de la habitación y bajamos las escaleras—¡Jaykey, no es lo que piensas! —lo seguí hasta la calle. Del otro lado estaba Sandra, comprando unas cosas en la tienda, Jaykey me miró, le hice un ademán diciendo que no con mi cabeza, él se montó a su moto y se dirigió donde Sandra. 

—¡Jaykey! 

En el fondo sentía que este chico estaba enamorado de ella. Corrí detrás de él en el momento en que hizo una mala maniobra y se cayó de la moto. Sandra y yo lo miramos y empezamos a correr hacia el, lo más que pude, para llegar antes. Me arrodillé junto a él, mirándole su enorme papada. 

—Jaykey, ¿estás bien? —traté de seducirlo para que no dijera nada. Este chico era muy blando y se ilusionaba con cualquier mirada seductora que una mujer le diera—Jaykey, por favor no vayas a decir nada. No arruinemos la... —tragué grueso—... boda de Blake, ¿si? —acaricié su rostro con su enorme papada. Pareció funcionar porque Jaykey sonrió y cuando Sandra llegó para auxiliarlo se quedó callado. 

¿Cómo demonios me metí en esto?

¿Cómo pasé de ser la prioridad de Blake a ser solo un simple pasado?

Aquí iba yo, viajando hacia una nueva vida. Acomodé mi gorra y salí del coche. Lo primero que vi fue algo grande y grueso... digo, una casa enorme e imponente. El mayordomo tomó las maletas y las llevó dentro mientras de esa casa enorme venía saliendo el señor Stephen Benson y mi madre de inmediato salió a besarlo como si fuera una adolescente enamorada. Seamos sinceros, ¿quien en su sano juicio se pondría de malas al vivir en una mansión cómo esta? Para mi esta muy bien, más que mi vieja casa. Pero a ver, ¿qué tiene de malo que a una le guste lo bueno? Creo que nada. Me acerqué al señor Benson con una sonrisa y lo saludé. 

—Es un gusto tenerte aquí, Florence, ojalá te guste la casa, ahora es tuya también —me sonrió de lado. El señor Benson es simpático y muy guapo para su edad, estoy segura de que mamá se encontró un buen sugar. 

—Gracias, señor Benson. 

—Dime Stephen. 

—Está bien... Stephen. 

—Vamos dentro, te mostraré la casa. 

Mamá ya conocía este lugar más que a su palma de la mano. Aun recuerdo cuando me contó que estaba saliendo con un señor y que se iban de viaje cada que podían. Claro, lo que se le olvidó contarme es que en un arranque de amor decidieron casarse así sin más. Sin invitación. Sin nada. Y ahora empezarán su vida de casados. Al entrar a la casa me gustó lo que veía: la sala era grande, había un enorme televisor allí, un sofá en forma de U. 

—Ellas son Sara y Maria, nuestras amas de llave. Pueden pedirle lo que sea. Ya conocieron a nuestro mayordomo: Roberto, también está pendiente de las necesidades. 

—¿En donde está Blake? —pregunta mamá—pensé que nos recibiría. 

—Creo que está en la piscina con unos amigos, ya sabes cómo es Blake, cariño. 

—¿Por qué no vas, Florence? Así te diviertes un rato —me animó mamá. No me pareció mala idea, así conozco al tal Blake de una buena vez. 

—Está bien, ¿dónde queda? 

—Maria, por favor guíala. 

—Venga por aquí, señorita. 

Seguí a Maria por un pasillo largo y solitario hasta el patio trasero. Un enorme patio trasero. 

—Gracias, Maria. 

Vaya, vaya. La piscina era grande, habían sillas playeras, adornos en el césped, bastantes sombrillas y un grupo de chicos a lo lejos, jugando al fútbol. ¿Quien de todos es Blake? No importaba por ahora. Dejé mis zapatos en una silla y avancé hasta la piscina, me quité el short, la camisa, quedándome nada más en mi traje de baño y me lancé al agua. Nadé por abajo, hasta llegar al fondo, hasta llegar al otro extremo y salí, me subí por las escalerillas y me senté bajo una sombrilla. 

Había llamado la atención de los chicos porque se me quedaron viendo. Uno se acercó, es guapo, su pelo está suelto, es color miel y cae en su rostro. Usa nada más unos pantalones color celeste. 

Carraspeo al llegar a mi lado. 

—Hola. —me saludó. 

—Hola —lo miré. De cerca se mira mucho mejor. Hubo algo, un click en ese momento en que nuestras miradas se encontraron, eso me desconcertó y aparté la vista de inmediato. 

—¿Y tú eres...? 

—Florence. 

—¿Florence? Ya lo recuerdo, la hija de la esposa de Stephen. 

—¿No es tu padre acaso? 

—Lo es. 

—¿Por qué no le dices papá? 

—Porque es algo que no te incumbe. 

—Te estaba buscando Stephen entonces —cerré los ojos para disfrutas del ambiente—Creo que estaba por ahí cerca. 

—Ya. Entonces, espero que nos llevemos bien ahora que viviremos juntos. Tengo mis reglas. 

—¿Y eso a mi en que me afecta? —lo molesté. 

—Pues en muchas cosas. 

Abrí los ojos y lo miré, tenía cara de malo, inexpresivo. Noté cómo miró mi cuerpo de arriba a abajo y también noté cómo miró cuando mordí mi labio inferior. ¿Que tenía este chico y por qué sentía que ya lo conocía? Que esto no era nada nuevo entre nosotros. Creo que el sol me está afectando. Me puse de pie y me acerqué. 

—¿Que es lo que quieres exactamente? —ahora sí me puse seria. 

Lo noté nervioso. 

—Que hay ciertas cosas que puedas ver o escuchar y no te tienes que meter y menos irle con el chisme a mi padre. 

—Yo no soy ninguna chismosa —me acerqué mas. 

—Te estoy dando una advertencia, niña. 

—Tengo veinte años. 

—Yo veinticuatro, soy el hermano mayor. 

—Hmm no somos hermanos. 

—Hermanastros —se corrigió—Así que tienes que hacer todo lo que yo te diga. 

—¿Ah si? —elevé una ceja—Ya que eres el hermanastro mayor, a veces me da miedo dormir sola por las noches, ¿será que mi hermanastro mayor me acepte en su cama cuando eso pase? —lo molesté. Blake se descolocó un poco pero no se dejó engañar. Sabía que solo lo estaba molestando. 

—Cuando quieras. 

—Perfecto. 

—Perfecto. —Blake se reincorporó y se dio la vuelta para volver donde sus amigos quienes no nos quitaban la vista de encima y se ponían a cuchichear. 

Vaya, Blake Benson, nuestra convivencia será muy placentera. Eso lo sé.

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