Capítulo 2 Vida nueva

Mi habitación era todo lo que una chica a mi edad podría pedir. En fin, las cosas en esta casa no estaban tan mal. Pero me sentía aburrida. La semana había pasado algo rápido y necesito algo de diversión. Blake siempre está fuera de fiesta o con alguna chica y yo simplemente estoy aquí sin hacer nada por no conocer a nadie y cuando le pregunto a Blake si me lleva con el no quiere. 

Genial. 

Sin embargo, esta vez será diferente. Mamá y Stephen se fueron para una cena y volverán hasta mañana por la tarde, entonces estoy sola y libre. Blake saldrá por la noche y yo lo seguiré. 

Busqué en la cocina algo para comer, me preparé un sándwich porque era el día libre de todos los empleados. Y como estaba sola en casa me di la libertad de andar solo en ropa interior por toda la casa. Puse música a todo volumen mientras comía. Sin embargo, la música se bajó por alguna extraña razón y miré entrar a la cocina a Blake, venía del gimnasio parece. Cuando me miró se quedó quieto un momento, recorriendo su vista por todo mi cuerpo. 

—¿Se te perdió algo? 

—A mi nada. A ti parece que se te perdió la ropa —respondió odioso mientras buscaba algo en la nevera. 

—Si, no la encuentro desde ayer. 

—Voy a salir en una hora, como se que estarás sola no le abras a nadie conocido —me dijo serio. 

—¿Y por qué no me llevas?

Me miró mal. 

—Porque no es lugar para ti. 

—Por favor, estoy aburridisima aquí. 

—Ya te dije que no, Florence. 

—Tu no me mandas. Pensándolo bien yo también saldré. 

—¿A donde? —inquirió demandante. 

—A algún bar por ahí. 

—Florence, no vas a salir. Es peligroso allá afuera. —se quitó la enorme sudadera que andaba y me la puso. ¡Me la puso! —hace frío. Tragué grueso ante su gesto, jamás pensé que este chico fuera de esos. Pero me gustó. 

—Gracias. 

Nos quedamos viendo por unos momentos que parecieron eternos. ¿No les ha pasado que no pueden quitar su mirada de la vista de otra persona? A mi jamás me había pasado. Pero había algo en la mirada de Blake que me hacía olvidarme de todo, había como una fuerza enorme que me impedía dejar de verlo. 

—Voy a cambiarme. —anunció, yéndose de la cocina. Yo me quedé allí, sin saber cómo actuar o qué pensar de la situación que acababa de pasar. ¿No habré conocido a este chico antes? Porque pareciera que lo conociera desde siempre. Nunca hemos actuado como dos desconocidos y eso me preocupa. Olí su sudadera y olía a él. Eso me gustó. 

Sacudí mi cabeza para dejar de pensar en esas tonterías y subí rápido las escaleras hasta llegar a la habitación. Lo siento, Blake, pero yo saldré esta noche porque quiero divertirme. Me quité la sudadera y me puse un vestido corto, adherido al cuerpo que ya tenía listo. Me puse tacones y me solté el cabello. Para mi desgracia no sabía manejar así que tendría que buscar un taxi. 

—¿Aló? ¿Servicios de taxi? Si, uno para la dirección... —terminando de dar  detalles colgué. 

Escuché pasos afuera así que supuse que Blake iba saliendo. Abrí la puerta y lo seguí sin que se percatara. Blake se montó a su flamante coche negro y se fue, me apuré a montarme al taxi. 

—Siga a ese coche por favor. 

—Ah, con que modo de espía. —me dijo el taxista. 

—Algo así. 

—Genial —se frotó las manos—siempre quise que alguien viniera y me dijera eso. —arrancó el coche y siguió sigilosamente al de Blake. 

—¿Estamos de encubierto? —susurró el señor. 

—La verdad no —susurré también.  

—Señorita, esta parece una calle muy peligrosa —me susurró de vuelta. 

—Si, lo sé, pero usted sígalo. 

Blake se estacionó frente a un local donde había gente haciendo fila para poder entrar. Seguro era algún tipo de antro. 

—Llegamos. Misión cumplida —susurró. 

—¿Por qué susurramos, señor? —saqué dinero y le pagué. 

—Porque no  sabemos quien pueda estar allí escuchado. —me dio el cambio. —Tenga mi tarjeta, para cuando necesite mis servicios. 

—Gracias —tomé la tarjeta y me bajé. Avancé hasta la fila pero obviamente no iba a hacer fila, o sea, no. Caminé hacia la entrada ignorando las quejas de las demás personas por no formarme. Blake había entrado sin chistar. 

—Alto, tienes que hacer fila —me dice un chico robusto. 

Rodé los ojos y saqué un billete de cien dólares. 

—Estoy segura de que podemos arreglar esto —le mostré el billete modo sigiloso para que nadie más lo viera. El enorme hombre me miró y elevó una ceja. 

—Si te vi no te conozco —susurro, tomando el billete y dejándome pasar. 

—Claro que si —le cerré un ojo. El tipo se quedó calmando las quejas de la gente por haberme dejado pasar. Entré al lugar misterioso del que Blake no quiere que yo sepa. Esta todo un poco oscuro, el camino es un tipo de laberinto. A lo lejos ya vi a más gente y más luces. Al entrar de lleno al lugar me di cuenta de lo que era. Habían chicas bailando en pequeñas prendas de vestir, la música era muy alta, la gente estaba pegada, casi nadie alcanzaba aquí ya. 

¿En donde estará Blake? Sin embargo, no estoy aquí para verlo a él sino para divertirme yo. Fui a la barra y pedí un trago. 

—Dame una Margarita por favor. 

El chico me preparó la bebida y me la dio. Tomé con calma primeramente, luego le pedí otra y otra. Daba como pereza bailar sola pero no tenía con quien mas hacerlo. Me uní al montón y empecé a moverme al ritmo de la música. Alguien me tomó de las caderas, cuando me giré era un chico alto y moreno, estaba guapo. 

—¿Bailamos? —sonrió de lado, su sonrisa seductora. 

—Claro —lo tomé del cuello y empezamos a bailar muy pegaditos.   

—No te había visto por aquí —me susurra. 

—Soy nueva en la ciudad —me giré, pegando mis nalgas a su pantalón, haciendo movimientos seductores. 

—Bienvenida entonces —sentí su aliento en mi cuello y por alguna extraña razón no me gustó. 

—Creo que voy al baño —me quise ir pero el tipo de tomo de las muñecas en un agarre súper fuerte. 

—Aún estoy bailando —me dice dominante. Para ser sincera me dio miedo. Medio sonreí para que se ablandara un poco.  

—Si, pero solo quiero ir al baño —traté de zafarme pero al parecer al hombre no le gustó que lo quisiera dejar plantado. 

—¿Acaso sabes quien soy?

—No, pero no necesito saberlo para saber que eres un energúmeno que no sabe tratar a las muje... —no había terminado de decir la palabra cuando sentí un fuerte dolor en mi mejilla. Me había abofeteado. 

¿QUÉ DEMONIOS? 

Lo miré, el hombre sonrió victorioso. 

—¡Estupido! —traté de devolverle el golpe pero el me tomó del brazo y me cargó llevándome a no sé dónde. —¡Bájame! —pataleé. 

—¡No debiste meter tus narices donde no te llaman, niña! 

—¡Bájame! —grite más fuerte. Lo más extraño fue que la gente estaba viendo y ni siquiera me auxiliaban.  

—¡Bájala, idiota! —una voz conocida hizo que este tipo asqueroso me bajara. En cuanto vi que era Blake no dude en ir donde el y abrazarlo, como si fuera mi protector.

Blake y yo nos  dirigimos a la cocina, tratando de ser lo más sigilosos posible para no despertar a nuestros  padres ni llamar la atención. A pesar del reciente conflicto, ahora parece que Blake está mostrando una preocupación genuina por mi bienestar.

Una vez en la cocina, Blake busca algo para calmar el dolor de mi mejilla. Encuentra una bolsa de hielo y me la ofrece con cuidado.

—Aquí tienes. Pon esto en tu mejilla, podría ayudar a aliviar un poco el dolor —dice Blake en un tono más suave y preocupado.

Su actitud es inesperada, considerando la relación previa entre nosotros. 

Acepto la bolsa de hielo y la coloco suavemente en mi mejilla adolorida, agradeciendo el gesto de Blake. La cocina está sumida en un silencio tenso, interrumpido solo por el zumbido del refrigerador y el suave sonido de la bolsa de hielo.

Blake parece incómodo por un momento, como si no estuviera seguro de qué más decir o hacer para aliviar la situación. Tras unos instantes de silencio incómodo, finalmente rompe el hielo.

—Lo siento por lo que pasó allí. No deberías haberte encontrado en esa situación. Fue imprudente de mi parte no llevarte a un lugar seguro desde el principio. Debería haber sido más responsable —dice Blake, su tono lleno de una extraña mezcla de arrepentimiento y preocupación.

Parece que Blake está genuinamente preocupado por mi y se muestra responsable por lo que sucedió. 

—Fue mi culpa, siempre  suelo llevarle la contraria a las personas. Gracias por... defenderme. No pensé que lo harías. 

Blake me miró achicando los ojos. 

—Debes de pensar que soy un idiota cobarde. 

—No —negué. —Pensé que me odiabas. 

—No te odio, Flor —dijo, jamás nadie me había llamado por diminutivos. —Pero no me gusta lo que hace mi padre. 

—Pensamos igual. Tampoco me gusta lo que hace mi madre. Al final que los dos somos víctimas de sus acciones. —murmuré, haciendo una mueca de dolor por el dolor en mi mejilla. Blake se acercó cuando miró eso e inspeccionó la zona afectada. 

—Mañana amanecerás mejor —dice, tenerlo cerquita me hace sentir... protegida. ¿Que rayos estoy diciendo? No puedo pensar eso de este chico. 

—Eso espero —me aparté bruscamente de su lado—Me iré a dormir, nos vemos, Blake. —dándole una mirada rápida salí de la cocina con el corazón latiéndome a mil por hora, cosa que me sorprende. ¿Por qué me pongo así por este chico? No logro entenderlo. Subí a mi habitación y allí me cambié para poder dormir tranquila, aunque sé que eso sería difícil. 

A la mañana siguiente desperté con el sonido de un pajarito que se había colado por la ventana. Miré el reloj de mesita y eran las siete de la mañana. Muy temprano. Me sorprende no tener tanto sueño, me puse en pie y me dirigí a la ventana para ver el paisaje frente a mi. La playa, el mar. Es hermoso. Al menos algo bueno tiene el haber dejado mi casa y mis amigos por mudarme aquí. 

Me duché plácidamente mientras tarareaba en la ducha. Me puse la toalla y salí del baño. 

Pegué un brinco en mi mismo lugar al ver a la persona frente a mi, sentada en mi cama. 

—¡Blake! ¿Que demonios haces en mi habitación? —me tapé. 

Blake me recorrió con la mirada de pies a cabeza, cosa que me hizo sentir incómoda. Blake se puso de pie y se dirigió a mi. Su cara se acercó mucho más a la mía y, por un momento, pensé que me besaría, pero solo miró mi mejilla. Dejé de respirar. 

—Casi no se nota —dijo—Solo me quería cerciorar de que todo estuviera en orden. No quiero que se te afloje la boca y digas mas de lo que deberías. 

Tragué grueso. 

—No soy estupida, Blake. ¿O que? —sonreí—¿tienes miedo de que tu papi se entere de lo qué pasó? Te castigarán. 

Blake rió y su risa fue como música para mis oídos. 

—No seas tonta. No temo por mi sino por ti. Además, no quiero crear conflictos entre mi padre y yo... tenemos ciertos planes que no quiero que tú eches a perder. 

—¿Planes como que? —me crucé de brazos. 

—Eso es algo que no te incumbe —Blake miró mi habitación: las paredes, los cuadros, mis postres, mis libros y mi cama llena de peluchitos. Rasqué mi nuca un poco incómoda. 

—Tienes razón: no me incumbe. ¿Puedes salirte por favor? Me tengo que vestir. 

Blake volvió su mirada a mi. 

—Hazlo, no es algo nuevo para mi. 

Rodé los ojos. 

—No me importa. Vete —señalé la puerta. Blake se dirigió a mi ventana como dándome a entender que no se iría. 

—Blake, ¿te han dicho que eres muy molesto?

—No me gusta que me manden —murmuró despreocupado—Siempre suelo llevarme la contraria a las personas. 

Bufé. 

—Bien, entonces por favor quédate y mírame mientras me visto —le dije, para ver si así me decía algo depreciable y se iba. 

—Si tanto insistes —se volteó, cruzándose de brazos y mirándome. 

—¡Blake!

—Admiro la poca paciencia que tienes. 

—No querrás encontrarte a mi madre aquí. Siempre viene a darme el beso de buenos días. 

—¿Y? 

Ya no sabía ni que mas decirle. Total, me da igual lo que este idiota insufrible piense. 

—Como quieras —busque ropa en mi closet y la saqué. Me puse mis bragas aun teniendo la toalla puesta. Sentía la mirada de Blake encima de mi. No puedo creer que esté haciendo esto. Blake caminó por mi habitación, cuando pensé que se iría por la puerta, me sorprendió sentir su agarre en mi brazo. Mis manos quedaron fuera de la toalla y esta se cayó, quedando en ropa interior frente a él. Blake me miró descaradamente. 

—¡Blake! 

—Shhh —puso su dedo en mi boca. Blake se acercó a mi cuello y, sentir su respiración en mi piel, me provocó suaves escalofríos. —¿No dirás nada de lo de anoche? 

—Ya te dije que no. 

—Eso espero. —me dejó un beso mojado en la zona de mi cuello, cosa que me sorprendió. —Hueles muy bien. A vainilla. 

La mano de Blake se posó en mi espalda, me recorrió toda la zona con sus dedos. Se sentía bien, lo admito. Blake me miró, estaba demasiado cerca de mi, podía ver muy bien sus ojos negros. Blake miró mis labios y se acercó... se acercó... cuando pensé que me besaría se alejó riendo. 

—Te veo en el desayuno, hermanita. —y salió de mi habitación dejándome así. 

—¡Idiota! —le grité. 

Se burló de mi. 

Y lo peor es que me había gustado.

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