Capítulo 15 La mesa que se acorta

La mañana siguiente al casi-toque amaneció demasiado quieta.

Misty abrió los ojos con la sensación de que la piel de su muñeca derecha todavía ardía. No había marca visible. El hierro de las cadenas seguía allí, frío y cruel, pero debajo de él la memoria del casi-contacto latía como una segunda cic...

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