CAPÍTULO 74

Desde la perspectiva de London

Me senté en el comedor frente a Orlando, quien no dejaba de guiñarme el ojo, y lo peor de todo es que no podía dejar de sonrojarme como una maldita adolescente.

Luego, mi irritante prima no dejaba de mover las cejas de forma insinuante, como si estuviera disfrutando ...

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