Capítulo 33 Un acto de caridad

Mikail

Cerré los ojos un segundo, conteniendo la frustración.

Preferí no perder los estribos. Sabía que con ellos no podía hablar de impulsos, ni de lobos agitados, ni mucho menos de atracciones que rozaban lo irracional.

Mis padres jamás entenderían algo así.

—Por favor, al menos siénten...

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