Capítulo 40 Indecisiones y el valor de un respiro

Mikail

Entré en la habitación con sigilo, como si el silencio fuera lo único que aún me pertenecía.

La noche estaba fría, pero el calor que irradiaba su cuerpo, aún dormido en la cama, bastaba para abrigar todo el maldito palacio.

Lyra.

Estaba allí, acurrucada sobre su costado izquierdo, ...

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