Capítulo 47 Ojos de ceniza, voz de llama

Lyra

—¡No me hables así, mocosa! —espetó. Su rostro estaba transformado, fuera de sí—. ¡No después de todo lo que Mikail ha hecho por ti!

Su grito rebotó en las paredes, agudo, venenoso. Mi pecho subía y bajaba con rapidez.

Sentía las manos temblarme, los dedos cerrándose en puños apretado...

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