CAPÍTULO CINCUENTA Y TRES

Entrando a la oficina, encuentro a Emily esperándome con un pequeño pastel y una botella de vino en las manos.

—Felicidades por tu fortuna, chica —gritó, dejando caer el pastel y viniendo a abrazarme.

—Dijiste que tenías clase —le recordé.

—Sí, una mentirita blanca —respondió mientras abría la be...

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