Capítulo 46 Mi querida, Isabel

La broma de Vladimir flotó en el aire helado del pasillo, amortiguando por un instante el peso de la traición antes de que la cruda realidad se volviera a imponer.

—Guárdate tus chistes de mal gusto para cuando Isabel abra los ojos y Bianca se enoje por cada segundo que tardaste en rescatarla —resp...

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