capitulo 4
Siento la puerta abrirse, cierro los ojos y me hago la dormida en la oscuridad. Miro de reojo y veo que Grosbfiab me mira y yo me hago la dormida. Pasa para el baño, yo estoy algo nerviosa. Veo que sale sin camisa y con unos pantalones de pijama y se acuesta a mi lado. Me mira y cierro los ojos, es un hombre muy apuesto, puede tener la mujer que quiera ¿Porque yo? ¿Que tengo yo que no tienen las demás? Se acuesta y apaga la luz de la lámpara de su lado, siento su mirada en mí. Cuando me estoy quedando dormida siento que me tocan lentamente
—Aron. —Susurro adormilada —Te amo mucho. —siento una mano acariciándome la cara y va bajando lentamente. —Estas aquí, digo esperanzada, dejo que me toque y sonrío, me gusta, me muevo ante las caricias que bajan de mi pecho a mi pierna. —Aron te amo —hablo más fuerte.
— ¿Aron? —Escucho esa voz y abro los ojos enseguida y muy agitada, me encuentro con esos ojos tan penetrantes color gris. —Mi nombre es Brayiam Grosbfiab que no se te olvide —con un dedo toca mi cabeza bruscamente y lo miro confundida.
— ¿Brayiam? —pregunto apenada y me mira furioso.
—Brayiam que no se te olvide, ese es mi maldito nombre BRA-YI-AM. —habla molesto y me empuja, caigo acostada, se levanta de la cama y va al baño.
Yo me giro y me quedo de espalda, entierro mi cabeza en la almudada y cierro los ojos. Me quedo así hasta que me duermo. Siento unos labios suaves en los míos. —me besa delicadamente, luego se separan enseguida. Me quedo estática hasta que escuchó la puerta y sé que él se fue. Salgo disparada al baño y me doy una ducha larga, quiero aclarar mi mente, eso quiero. Tener la cabeza fría y tratar de hacer la situación lo más llevadera posible los días que pase aquí. Eso haré, hay que ponerle la mejor cara a la peor situación. Salgo y miró el armario, veo un vestido color azul ajustado, sencillo pero muy bonito, me lo pongo. Me miro en el espejo y me siento algo apretado, resaltan mis pechos, mi cintura y ni hablar de mi trasero que se ve gigante. Empiezo a maquillarme muy natural pero elaborado. Solo me falta peinarme. Tocan la puerta.
— ¿Quién? —pregunto.
— ¿Puedo pasar? —es la voz de una señora.
—Sí, adelante —hablo mirando a la puerta y entra la señora de anoche. —Buenos días. ——Digo amablemente. Se nota que es una hermosura de persona.
—Buenos días señora —me dice dulcemente y yo le sonrío.
—Dime MI o muñeca, todos me dicen así, bueno mi familia —digo algo triste.
—Señora no este triste, ahora el señor es su familia. —yo no digo nada y le sonrió. — ¿Le ayudo? —toma un cepillo y comienza a peinarme. Es usted muy bella. —me asegura, y eso me ha traído tantos problemas, mi belleza, a veces hubiera preferido ser fea.
—Muchas gracias. ¿Lleva mucho tiempo trabajando con el señor? —Le pregunto mirándola a través del espejo, asiente. — ¿Cree que es buena persona? —Ella sonríe.
—Lo es. Sólo tiene un temperamento fuerte, pero cuando esta de buenas, es muy bueno, ayuda a las personas. —Yo la miro no muy convencida. —Él está muy interesado en usted. —Me asegura y sonrío por amabilidad.
— ¿Porque lo dice? —pregunto mirándola a través del espejo.
—Porque la trajo aquí. La ha presentado como la señora, como su mujer —yo suspiro, al pensar que así me iba a llamar Aron, pero no fue así.
—Yo creo que lo que quiere es acostarse conmigo. —Hablo no muy feliz. — ¿Sabe? Cuándo lo conocí, la primera impresión que me dio, es que no es de ninguna mujer, porque su corazón no es de nadie. —Me maquillo. — ¿Sabe que se acostó con mi prima? eso es lo que más miedo me da.
—Yo no le voy a decir que lo que usted dice no es verdad, porque lo es —asiento —pero usted es diferente, hay algo de usted que a él le gusta, usted le pone feliz. —Usted podría enamorarse de él, es un hombre mayor que usted, pero maduro, guapo, inteligente con dinero, de buenos sentimientos. —Me asegura, yo niego.
—Yo me enamore de alguien y por eso termine aquí, eso lo debe saber. —Mi corazón pertenece a alguien, aunque me haya lastimado, mentido y traicionado. Mi corazón es de él, y mira, por ir en busca del amor terminé aquí. Mi familia me odia, mi padre que es mi todo, me odia y yo estoy con un hombre que no conozco, para que mi padre pueda salvar su gran imperio y enseñarme una lección. —digo con tristeza.
—El señor también tiene un pasado triste, pero yo no creo que no puede haber nada. ¿Sabe porque? —Me giro y la miro —usted es buena y el también y el uno puedo curar al otro. —Yo le sonrió.
—Lo dudo. —Me miro convencida al espejo.
—Si ese hombre volviera ¿Usted regresaría con él? —Yo niego.
—No… El me engaño y no solo por eso nuestro amor es imposible, yo no lo voy a perdonar nunca y no creo que estuviera realmente enamorado de mí. Yo lo dejé todo por él y el solo quiso llegar a mi padre a través de mí. Así que no, no puedo perdonarle lo que le hice a mi familia y lo que me hizo a mí. Aunque se estuviera muriendo jamás lo perdonaría. —Digo segura.
—Y el señor jamás lo permitiría. —Me mira —Ya está lista. El señor la espera para desayunar —Yo asiento.
Bajamos al comedor, hay hombres armados, veo al de ayer, ni siquiera me mira y le veo dos moretones en la cara, solo espero que Brayiam no haya hecho eso. Llego al comedor y veo a Brayiam leyendo el periódico.
—Buenos días. —Digo algo nerviosa, él me mira serio.
—Buen día —habla molesto. Devuelve su mirada al periódico y me mira otra vez, yo espero que me invita a sentar —puedes sentarte. —Yo asiento y me siento.
Una muchacha guapa le sirve el desayuno a Brayiam, lo atiende muy bien y yo como si no estuviera.
—María atienda a la señora —habla serio y sonríe, yo lo miro seria.
Veo como esa estúpida me mira con odio, matándome con la mirada y se nota que le gusta Brayiam. Me ignora ¿Quién se cree esa estúpida?
— ¿Qué va a comer —habla de mala gana y me mira sarcástica.
— ¿Qué manera tiene de preguntar la servidumbre. —Hablo con sarcasmo.
— ¿Qué vas a comer? —me pregunta y lo miro seria, sigue molesto.
—Nada, no tengo hambre —digo levantándome de la mesa y dirigiéndome a la salida.
— ¿¡Qué crees que haces!? —Escucho su voz detrás de mí.
—Me largo de aquí —digo segura. No estoy dispuesta a que él me trate como se le dé la gana.
