CAPÍTULO 115

SELENE

—No —dijo él, interrumpiendo, con voz firme.

—No estoy demasiado ocupado. No para ti. Y nunca lo estaré —dijo en voz baja.

Lo miré, todavía de pie, todo tenso y pensativo, y decidí molestar un poco al oso. Porque, ¿por qué no?

Incliné la cabeza, dándole mi sonrisa más dulce y más inoc...

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