CAPÍTULO 127

DARIUS

—Dilo —susurré contra la concha de su oreja, dejando que mis colmillos rozaran el lóbulo delicado justo lo suficiente para hacerla estremecer—.

—Llámame amor.

—O no voy a dejar que te corras otra vez esta noche.

Mierda.

Espero que acepte de una maldita vez, porque no puedo esperar má...

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