CAPÍTULO 134

SELENE

—¡Selene! —la voz de Darius tronó a mi espalda, áspera y desesperada.

—¡Vuelve! ¡Estás cometiendo un error!

No me detuve.

No podía.

El frío me mordía hondo, erizando la piel de mis brazos y muslos, y la vergüenza ardía más que la escarcha porque sabía exactamente lo expuesta que esta...

Inicia sesión y continúa leyendo