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—¿Quieres enamorarte de mí, Leila? —el susurro de su voz, su boca pegada en mi oído. —O quieres seguir siendo mi muñeca.

Lo que conllevaba a una respuesta rápida.

La verdad, era que yo quería decirle que si estaba sintiendo algo por él.

Y lo habría admitido, porque así era yo.

Pero el nombre de Dafn...

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