Capítulo 34 Capítulo 34

Con la velocidad de un rayo, la mano del hombre atrapó la muñeca de Elena. No la apretó para lastimarla, pero su agarre era como un cepo de hierro fundido. La calidez que emanaba de la palma de Christopher era abrasadora.

—No... no me toques, Elena —articuló el Alfa con la voz rota, la mandíbula ap...

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