Capítulo 30 30. ¡Ni se te ocurra tocarme!

Los labios de Michael eran para ella una maldita droga.

Una que la hundía en un trance profundo del que no quería —ni podía— salir.

Sentir nuevamente sus manos recorriendo su cuerpo la incendiaba por dentro, la volvía irracional, hambrienta. Todo en ella gritaba por tenerlo otra vez encima, besándo...

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