Capítulo 38 ¿Qué diablos me has hecho? II

El control.

Eso era lo que él adoraba tener sobre ella.

Pero no.

No iba a doblarse.

No esta vez.

—Puedes hacer lo que quieras —dijo, con la voz temblando por la rabia que se negaba a llorar—. Me enfrentaré a tus abogados. Y aunque tenga que pasar toda mi vida trabajando para pagarte los daños y...

Inicia sesión y continúa leyendo