Capítulo 150 Ven a la casa

Junio

Para cuando llegamos a nuestro edificio de apartamentos, Leila apenas se mantiene en pie. Tengo su brazo sobre mi hombro, más cargándola que guiándola. Todavía está llorando—ahora en silencio, pero su cuerpo tiembla con cada respiración.

Sigo diciéndome a mí misma que estoy haciendo lo corre...

Inicia sesión y continúa leyendo