Capítulo 31 Viejos amigos

—Hermes—

Suspiro de alivio cuando veo que no está en su escritorio.

Tal vez ya terminó de limpiar el desastre en mi oficina.

Bien. Puedo evitar mirarla. No necesito recordarme lo que acabo de hacerle a su versión imaginaria.

Entro, dirigiéndome directamente al baño, y luego me lavo las manos como...

Inicia sesión y continúa leyendo