Capítulo 46

Elara

No era pelaje, no era carne: era algo que se negaba a ceder, que me sacudió la muñeca con la fuerza suficiente para entumecerme los dedos. Tuve medio segundo para asimilar el impacto, la absoluta falta de sentido de que el pellejo de una licántropa desviara la plata de esa manera, antes de qu...

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