Capítulo 8 Se acabó la maldición

Tragué saliva, intentando que el corazón no se me saliera por la boca, y caminé hacia la sala. Mamá venía pegada a mi espalda, tratándome como si de pronto me hubiera convertido en la realeza.

*¿Seré la nueva primera dama? ¡No, tonta, solo que has dejado de ser la solterona y virginal de la familia!...

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