Capítulo 35 35

—Entonces ya es demasiado tarde.

La voz de mi madre salió desde el pasillo.

Roque giró hacia la puerta.

Yo seguía frente a él, con una mano todavía apoyada en su pecho.

—¿Demasiado tarde para qué?

Silencio.

Abrí la puerta.

El corredor estaba vacío.

—Mamá.

Nada.

Roque se llevó dos dedos a la sien.

—E...

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