CAPÍTULO CIENTO TREINTA Y DOS

ISABELLA

Despierto sola en la cama, acerco la almohada de Melo y me acurruco con ella. Sabía que, para cuando yo despertara, él ya se habría ido, pero igual apesta no saber cuándo lo voy a volver a ver.

Al cabo de un rato decido levantarme. Hoy va a ser diferente. Hoy decidí sacar a Carina afuera...

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