CAPÍTULO CIENTO TREINTA Y SIETE

ISABELLA

Odio estar enojada. No quiero estar enojada con Rocco porque entiendo que tiene las manos atadas, pero igual duele. A veces somos amigos de verdad y a veces, cuando menos me lo espero, vuelve a ser solo mi guardaespaldas.

Me siento a la mesa, mirando el teléfono sin verlo. Melo está fren...

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