CAPÍTULO CIENTO TREINTA Y OCHO

AGENTE AGUERO

—Esta mierda es una locura —digo, recostándome en la silla.

Miller se ríe, pero no hay nada ligero en su risa. Es oscura y me hace moverme incómodo. Da un sorbo lento a su vaso, como si estuviera tratando de tragarse algo más pesado que el alcohol.

—Ni me lo digas. Acabo de sa...

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