CAPÍTULO CIENTO TREINTA Y NUEVE

ISABELLA

Dejo mi bolso junto a la puerta y entro más en la habitación, mirándola como si no la hubiera visto en años. La misma cama. Las mismas cortinas. El mismo tenue olor de la colonia de Melo flotando en el aire.

—Bienvenida a casa —dice en voz baja.

Me doy la vuelta y, por un segundo, lo mi...

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