CAPÍTULO CIENTO CUARENTA Y UNO

ISABELLA

—¿Y bien? —insiste Sarah—. ¿Lo hacemos o no?

Dudo, porque esto es una locura, innecesario, inmaduro, tentador. Muy tentador.

—No puedo creer que esté considerando hacerlo.

—Lo que no puedo creer es que la hayas dejado fastidiarte así y no hayas dicho nada.

Suspiro y levanto el teléfono...

Inicia sesión y continúa leyendo