CAPÍTULO CIENTO CUARENTA Y SEIS

MELO

Marco me da un abrazo en el instante en que entra a mi oficina. El abrazo no dura más de unos segundos antes de que se aparte, pero entiendo lo que significa. Está feliz de que haya vuelto a casa.

—Bienvenido a casa, jefe —dice, y yo asiento.

—Gracias. Es bueno estar en casa.

—Habría tomado...

Inicia sesión y continúa leyendo